Esto opinan de su comuna (testimonios)


Personas que habitan o siguen vinculadas con alguno de los barrios de la comuna 3, comparten con los lectores sus impresiones acerca de este sector del nororiente de Medellín
Diana Fuentes

Directora del Colectivo Teatral Infusión. “Cuando llegamos a Manrique hace cuatro años, la mayoría de gente que venía a este teatro no era del sector. Y nos costaba traer al público porque Manrique está estigmatizado. Como no soy de Antioquia no sabía la causa y empecé a investigar la razón de esa prevención. Me di cuenta de que era un estigma por el pasado y no por el presente, que aquí no pasaba nada distinto de lo que pasaba en cualquier barrio en Medellín. En el presente en todas partes hay delincuencia, en todas partes se escucha de los chicos que cuidan el barrio, tanto en el Centro como en otros lugares estrato 5, 6 o acá. Empezamos a actualizarnos y a pensar en el público del sector, necesitado también de estos espacios culturales (…). Y empezamos a hacer el trabajo despacio, con diferentes estrategias muy chéveres. Ahora los jueves, por ejemplo, no cabe un alma en este teatro. La comunidad ha respondido. Siento que frente al arte ya existe en Manrique una sensibilización. Está la Casa de la Cultura, la Casa Gardeliana, y en esta cuadra hay dos teatros: el Imagineros y nosotros. Pienso que a Manrique le hace falta empezar a desmitificarse, ya es hora de que dejemos de creer que en cualquiera de sus esquinas nos dan bala…”.


Gustavo Hernán Pérez

Artista. “Viví desde el 66 hasta el 80 en Manrique Central y tengo un grato recuerdo. En esa época era un barrio de clase media alta. Éramos muy unidos y había mucho amor, mucha fraternidad por ser epicentro cultural alrededor de la iglesia: al lado quedaba el colegio San Juan de la Cruz, al frente el colegio de mujeres carmelitano y en la esquina existía una construcción española que la gente llamaba El Castillo, muy especial porque alrededor había un bosque ­lo que en este momento es la avenida­ con bejucos. De niños brincábamos de bejuco en bejuco, como dentro de una selva tropical. En este barrio cultivé mi talento para el arte (…). Hoy vuelvo a Manrique y siento que se ha urbanizado más, primero tenía un ambiente de pueblo pequeño, ya tiene ambiente de ciudad, dejó ese dulce sabor pueblerino”.


Mario Patiño

Diseñador Gráfico, coordinador de la Casa Gardeliana. “En lo cultural, Manrique ha avanzado bastante porque tiene muchos espacios culturales, sobre todo para los jóvenes. Siempre me ha gustado mucho por su ambiente; de niño me recorría todas estas calles pues soy de Villa de Guadalupe, en los límites de las comunes 1y 3. Bajaba por aquí con los amigos a jugar maquinitas, fútbol; era un ambiente sano, corríamos, veníamos a la ciclovía que se hacía en toda la carrera 45 antes del metroplús; el domingo era el parche obligado, venir a montar en bicicleta o a trotar. También bajaba mucho a alquilar películas y a mercar con la abuela. Manrique era como un Centro pequeño, venía uno muy fácil a pie. En seguridad ha mejorado bastante, incluso se hacen reuniones periódicas con el Comité Local de Gobierno porque la carrera 45 se volvió muy comercial.


Oswaldo Moscoso

Diseñador web. Vivió en Manrique Oriental, trabaja en El Poblado. “Para nadie es un secreto que en los barrios populares uno crece entre la violencia, pero también se ven muchas cosas buenas. Lo que más me gustaba y recuerdo de Manrique son sus venteros ambulantes (…) también las canchas ­pues en los barrios la vida se desarrolla a su alrededor­ y los torneos que había, sobre todo en la de El Pomar. En épocas de violencia no era aconsejable salir, como en tiempos de Pablo Escobar, cuando hacían los toques de queda o cuando había enfrentamientos de combos y uno no podía pasar de cierto lugar (…). Eso nos afectaba mucho porque a diferencia de las personas de barrios como El Poblado, que tenían otro tipo de diversión como ir a cine, a clases de algo o a una finca, uno no tenía sino la calle (…). Las fiestas se hacían en carpas, cerraban la cuadra, ponían un equipo y eso se llenaba. Eran gratis y amanecíamos bailando. Del colegio donde yo estudiaba, a muchos los han matado, otros cogieron malos caminos, pero da alegría cuando uno va a empresas y se encuentra con algún compañero, gente que a pesar de la violencia salió adelante, estudió y ahora tiene un buen trabajo”.


Eva Álvarez

Vive en Manrique ­San Pablo y trabaja en El Poblado. “Llegué al sector hace 14 años, en la época de la violencia (…) pero desde hace unos tres años el barrio es muy sano, no roban, yo dejo mi ropa afuera porque no tengo tendedero atrás y no me la roban, mis hijos entran y salen a la hora que quieran. Tengo todos los servicios públicos (…). El transporte está bien, aunque es más demorado que antes porque hay que hacer varios transbordos. Yo antes (…) me demoraba 45 minutos viniendo al trabajo. Pero cuando la Alcaldía impuso el sistema integrado del metro, sacó los colectivos. Ahora cojo un bus integrado de mi casa a la Estación Esmeralda, en la 45; de ahí tomo metroplús a la Estación Hospital y el metro a El Poblado y me demoro media hora más que antes. Lo que pide la gente es que este sistema sea más fluido, sobre todo en las horas pico. Lo bueno es el ahorro del pasaje, porque antes me gastaba casi ocho mil pesos diarios y ahora me gasto como cuatro mil, todo con la misma tarjeta cívica. El regreso para la casa también es mortal; en la Estación Poblado es horrible, uno tiene que hacer como un hombre, tener mucha fuerza para entrar y para salir…”.


Humberto Olaya

Edil de la JAL. “Vivo en Manrique Oriental hace 48 años. Llegué de Heliconia buscando un futuro y calidad de vida mejores. Desde entonces, hasta hoy, el cambio ha sido total en Manrique. La parte alta, como Versalles, La Cruz, La Honda y Bello Oriente, se ha poblado mucho, la transformación es enorme. La cobertura educativa no es total pero es buena. En un 85 % hay cobertura de servicios públicos. Hay cuatro o cinco barrios de la parte alta que carecen de agua potable: Carambolas, La Cima No. 1, la Cima No. 2, Versalles No. 2 parte alta y La Honda. Ellos no tienen cobertura porque son relativamente nuevos y la administración municipal poca atención les pone a los barrios que están considerados como zona de alto riesgo. Sus problemas de agua los solucionan con acueductos veredales no convencionales. Para los barrios altos son una necesidad los servicios públicos, la movilidad sí es muy grave en mucha parte de la comuna, porque con el metroplús quitaron algunas rutas de buses en la parte alta. La gente camina y pasa algunas dificultades pero se va llevando…”.


Francisco Monsalve

Estudiante de Periodismo. Hace cinco años vive y hace voluntariado en una comunidad desplazada en el barrio Bello Oriente. “La comuna 3 (Manrique) está dividida en tres partes: la de abajo, muy consolidada; un sector medio, con barrios como El Raizal y La Salle, que se fue poblando hacia la segunda mitad del siglo XX a raíz de la violencia partidista, y la parte de arriba, rural, donde están Carambolas, Bello Oriente, La Cruz y La Honda. En esta parte alta habitan campesinos desplazados. Por estar en zona de alto riesgo, según el Municipio, muchas familias no tienen agua potable ni energía. Hay sectores sin pavimentar. Los centros de salud están muy retirados, como el de Santo Domingo y la Unidad Intermedia de Manrique. En Bello Oriente vivimos cinco mil personas y una parte del barrio tiene algunos servicios. En el sector El Palomar, que está en límites con Santa Elena, no hay cobertura de internet, el agua no es potable y hasta ahora están poniendo energía prepago. Muchas familias están sembrando huertas. No hay obras públicas, solo pequeños parques de bolsillo y una cancha de arenilla que ocasiona problemas de salud a la comunidad. Las madres de familia trabajan en casas, la gente vive del rebusque, de las ventas ambulantes (…)”.