Escripofilia colombiana en el libro de Ricardo Gómez

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Escripofilia colombiana en el libro de Ricardo Gómez

/ José Gabriel Baena
El empresario antioqueño Ricardo Gómez dio a luz esta semana uno de sus sueños más preciados: la publicación de un gran libro que recoge su colección colombiana del arte y negocios de la Escripofilia: Títulos valores, acciones y bonos / en la Historia Económica de Colombia 1848-2013, documentos de historia gráfica y textual de esos papeles en un compendio mayúsculo y deslumbrante. Las 320 páginas corren así: desde textos minuciosos de asuntos escripofílicos que se remontan a la Edad Media empieza luego el grande y asombroso mosaico: inmensas concesiones de tierras baldías en la Nueva Granada hacia 1850, la compañías que se aventuraron a la construcción del Canal de Panamá –las más grandes estafas del siglo 19, dicen los historiadores-, navegación por el Magdalena y otros ríos colombianos y empresas paralelas de transporte, las inmensas compañías de ferrocarriles que cruzaban a Colombia por entre montañas y ríos, las petroleras de la sabana costeña, centenares de papeles de minas, bancos y compañías de seguros, títulos del Gobierno, una cincuentena de empresas diversas de azúcar, taninos, ganado, carreteras, entre otras nuestra fallida desde siempre Carretera al Mar desde su inicio en los años 20 y que no se ha podido terminar –¿dónde está la ingeniería antioqueña?– agricultura en general, fósforos, tabaco, acueductos, electricidad, teléfonos, harina, algodón, el café que no ha de faltar y que hoy ya es un recuerdo, textileras, empresas aéreas, clubes y un suplemento de noticias muy actuales sobre la escripofilia y asuntos de empresas invisibles, bancarrotas, crisis del capitalismo aquí y allá, la invención de los billetes y otras amenidades.

Fuera de dilucidar el almendrón estrictamente económico de la obra, se tuvo un inmenso cuidado en la reproducción de los papeles, dado su inmenso valor artístico en dibujos y grabados, oficios editoriales que se consideraban “menores” y que se pierden práctica y lastimosamente en los años 50. El trabajo de investigación, transferencia digital, diseño y oficios varios del libro fue dirigido por el querido amigo –hoy en el Cielo– Miguel Escobar Calle, junto con Gustavo Vives Mejía, Leonardo Sánchez Perea, Jonathan Balbín y este cronista. Desde 2006 y hasta la fecha corrieron unos 2.500 días de sumergimiento en el rescate de esta otra historia de Colombia, un libro, decía alguien hace poco, “para hombres” pero también apto, por supuesto, para públicos heterogéneos. En cuanto a mi labor en esta obra asistí con entusiasmo cada vez más creciente en todas sus fases y mis asuntos preferidos fueron los ferrocarriles, navegación y minas. Son de novela y película las azarosas aventuras de los trenes de los pioneros, con el incansable ingeniero cubano Cisneros a la cabeza, que culminan en los años 20 y 30 pero que casi de inmediato se van a pique por las intrigas de los transportadores motorizados aliados con pérfidos políticos –lo mismo les pasa a las empresas de navegación fluvial, y a nuestro hermoso tranvía medellinense que duró escasos 25 años–, y en cuanto a las minas de oro y platino sus horrores y explotación y esclavitud imperdonables. Pobre Chocó. Y pensar que la historia se repite hoy como farsa dramática con la Colombian Gold, el Cerrejón, Pacific Rubiales, etc. (Por gentileza de este periódico se publica el celular de Ricardo Gómez para curiosos interesados en la obra: 311 349 83 08).
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