Es responsabilidad suya

     
    Es responsabilidad suya
     
      Según dijo el Alcalde a finales de 2009, el año que estaba a punto de iniciar sería el de las obras públicas. Los grandes proyectos viales de los que hablan en La Alpujarra desde hace tantos años, por fin empezarían a ser construidos. En ese momento dijimos que le correspondía a los ciudadanos hacer una veeduría muy juiciosa de todos esos procesos pues nada indicaba que una de las peores tradiciones de las actuaciones estatales en nuestra comuna fuera a desaparecer de buenas a primeras. Hablamos del incumplimiento de las obras públicas, no solo en los tiempos de entrega, sino en calidad y en cumplir lo que con ellas nos prometen como un tráfico más fluido, menos contaminación, mejor calidad de vida, etcétera.
    Pasó 2010 y no fue así, claro. Ninguna de las obras de valorización fue construida, ni siquiera iniciada (en obra física), y, de acuerdo con la tradición mencionada, ninguna será terminada en 2011 pues, nos atrevemos a afirmar y con ello no queremos asustar a ningún funcionario público ni contratista de obras públicas, este año también lloverá y las redes de servicios públicos no estarán en los lugares que indican los planos. Además excusarán el incumplimiento, y no queremos pasar por adivinos, en las elecciones de octubre y las dificultades de contratación inherentes a este proceso.
    Por eso creemos con la misma firmeza que lo dijimos hace un año, que hace falta la constitución de veedurías ciudadanas profesionales, juiciosas y severas que vigilen la actuación del Estado y sus contratistas en nuestras calles y con nuestra plata, para que las obras prometidas sean de verdad las soluciones que nos anuncian y no lo que han sido las últimas obras de valorización en El Poblado, es decir, nuevos y grandes problemas por la mala calidad de lo hecho o la mala planificación de los trabajos. Solo piense en las obras 607 y 358: La carretera El Tesoro Los Balsos (con sus derrumbes, hundimientos, diseño, aguas subterráneas, cambio de usos del suelo, etcétera) y la construcción del paso a desnivel de la calle 10 con la Avenida El Poblado (con un primer cobro que no alcanzó y un segundo del que sobró tanta plata que decidir qué hacer con ella se convirtió en un nuevo problema).
    Ya sabemos qué podemos esperar de las actuaciones del Estado y sus contratistas en nuestras calles (o en cualquier parte de Colombia, nada más piense en Bogotá); por eso creemos que para que no nos vuelvan a, llamémoslo defraudar, el trabajo de las veedurías es fundamental. Solo una ciudadanía informada y participante puede evitar la repetición de los errores del pasado. Si una obra tan pequeña, comparada con lo que van a hacer en El Poblado, como la remodelación de cuatro cuadras en Junín, se demora el doble de lo prometido y la construcción se convierte en una calamidad para sus vecinos inmediatos, qué nos espera a nosotros. Como ciudadanos, también es nuestra responsabilidad contribuir a que todo salga bien.