Entre lo legal y lo correcto

     
     
    Entre lo legal y lo correcto
     
         
     
    Para no irnos por las ramas: la lista de las cosas que a pesar de ser legales no son correctas o no se deberían hacer, es tan larga que no alcanza el espacio disponible para hacer un resumen. Sin embargo, aquí no vamos a quedarnos con generalidades sobre lo divino y lo humano. Hablamos del proceso de urbanización de El Poblado en los últimos 8 ó 10 años, legal de punta a punta, pero ¿correcto?, ¿apropiado?, ¿deseable?
    Las consecuencias de las acciones de los que se mueven en esa zona densa de la intersección entre lo legal y lo correcto las vivimos a diario en todos los campos de la vida. La tragedia que viven las familias de Alto Verde ha dado pie para que toda suerte de voces se levanten ahora a diagnosticar, juzgar y condenar en relación con la multiplicación de los edificios y las urbanizaciones en este siglo, sobre todo en zonas que antes, a pesar de que era legal urbanizarlas, por obra y gracia de las fuerzas “invisibles” del mercado de la propiedad raíz estaban por fuera del negocio constructor. A pesar de que muchas personas, cuando miraban a El Poblado desde el occidente de la ciudad, lo veían lleno de bosques y zonas verdes, otras, paradas en el mismo sitio, veían lotes, grandes y jugosos lotes para construir.
    Las normas de usos del suelo anteriores al Plan de Ordenamiento Territorial, Pot, vigente permitían construir en esas zonas, pero el mercado no. Cuando entró en vigencia el Pot, limitó considerablemente las posibilidades de construir edificios y urbanizaciones allí, pero a la misma vez, el mercado inmobiliario cambió, y esos bosques-lotes se hicieron negociables. Y la presión del mercado fue tan fuerte que a los pocos años al Pot le abrieron una ventanita para hacer posible lo indeseable. En esa zona de grises, con cambios de legislación, del mercado, de la población, etcétera, se gestó lo que ahora tantos salen prestos a condenar. Las licencias de construcción, unas amparadas en el régimen anterior al Pot y otras en su reforma, aparecieron como por arte de magia y la presión del mercado hizo viables los proyectos que preocupan a las autoridades municipales. Y en gracia de discusión, al Municipio esto le preocupa desde el primer momento, pero la reconocida agilidad para actuar del Estado, combinada con el peso social y económico real de las partes involucradas, hizo que fuera la inercia la que regulara la situación.
    Por eso la pertinencia de la pregunta inicial. ¿Es la ley el único control social exigible o será mucho pedir que como sociedad aceptemos de una vez que en estas montañas estamos para quedarnos y que debemos tratar de que sea posible vivir en ellas de la mejor manera y no solo sobrevivir como hacemos ahora?