“(En política) casi todo se ha descubierto ya…”

 
 
“(En política)
casi todo se ha
descubierto ya…”
 
     
  Adaptación del texto: Aristóteles y el Aristotelismo,
de Beatriz Restrepo Gallego.
Por:
Elizabeth Correa Londoño, estudiante de Periodismo, Universidad de Antioquia
 
 
El sufijo “ismo” añadido al nombre de un filósofo, significa la permanencia y vigencia de su obra y pensamiento cuando siguen siendo estudiados y trabajados por otros –discípulos directos o no- luego de la muerte del autor. Ese es el caso de Aristóteles, considerado como el fundador de la ciencia política y, además, reconocido por su contribución, aún vigente en muchos aspectos, al esclarecimiento de lo político a partir de su conocimiento directo de la política efectiva y real de su tiempo; de su análisis de los regímenes políticos conocidos en la época; de su experiencia personal como hombre sin Estado (según expresión de Jaeger) al ser extranjero en Atenas; de su comprensión de una época que los estudiosos del período no vacilan en calificar de crisis; y de su propia interpretación de la política como parte –la más importante para él- de la esfera humana.
El filósofo Estagirita afirma la importancia de la vida política y la preeminencia de la ciencia que se ocupa de ella al afirmar que la primera es donde el hombre alcanza su realización plena; ésta es, por tanto, la forma de vida mejor y es gracias a la ciencia política como se entienden otras esferas integrantes de los asuntos humanos: la economía, la educación y la ética.
Su pensamiento se desarrolla alrededor de tres conceptos: polis (generalmente traducido como ciudad-estado), polités (ciudadano) y politéia (régimen político).
Es poco, aunque sustancial, lo que dice de la polis. La define diciendo que es un conjunto de ciudadanos que se reúnen con el fin de vivir bien, conforme a la virtud. Así, el fin de la política no es convivir, sino vivir bien y tarea del estado es garantizarlo.
El segundo concepto, polités (ciudadano) es el que participa de la vida política, bajo dos formas: elegir y ser elegido, lo que significa, ser gobernado y gobernar; obedecer y mandar: solo quien sabe obedecer, sabe mandar y viceversa (1277a). El mayor bien del ciudadano es elegir a sus gobernantes y pedirles cuentas (1274a).
Finalmente, el concepto de politéia puede entenderse como régimen constitucional; trabajado de manera extensa y profunda, se configura como el concepto central en el pensamiento político de Aristóteles. No se define de manera precisa, pero puede deducirse que expresa la forma de vida política de una comunidad (1295b), la racionalidad que ordena instituciones y funciones, y el principio que determina el sentido y fin de la vida política.
A medida que Aristóteles adelanta su reflexión sobre los tres conceptos centrales mencionados, va integrando otros asuntos, que si bien no son trabajados separadamente de manera sistemática, aparecen dotados de especial significación política; ellos son: el territorio, la economía, la ética y la educación.
Del territorio habla desde dos perspectivas: la de la polis, en términos de su ordenamiento, y la del polités, en relación con la propiedad de la tierra. La economía aparece en sus reflexiones como un asunto concomitante a la política al definirla como un “arte que procura los recursos almacenables necesarios para la vida y útiles para la comunidad doméstica y política.” (1256b). La dimensión ética de la vida política viene definida por la naturaleza misma del hombre, ya que es el único ser dotado de palabra, que toma un papel no solo central en la actividad política, sino también en la vida moral y en la educación, pues es a través de la moral como se define lo que la realidad es, en términos de lo justo y lo injusto, lo correcto y lo incorrecto (1253a), y de la educación, que se fortalece el uso del lenguaje para la argumentación y deliberación. Los asuntos propuestos por Aristóteles en su Política, siguen siendo vigentes para nosotros. De ahí la validez de la frase que titula este escrito, cuyo enunciado completo es: “(en política) casi todo se ha descubierto ya, sólo que algunas cosas aún no se han organizado y otras no han sido puestas en práctica por quienes las conocen” (1264a). La perennidad de los asuntos centrales de la política –antes y ahora- está determinada por su vinculación a la sociabilidad de la naturaleza humana, la misma en cualquier época y bajo cualquier régimen político; por eso, estos asuntos centrales (sobre los cuales ha discurrido el pensamiento filosófico desde la antigüedad griega) están, casi todos, descubiertos desde hace tiempo y continúan preocupando hoy.