En busca de la ”Fiesta“

En busca de la ”Fiesta“
Un recorrido entre libros y multitudes que se debe repetir

Te dijeron que para llegar a una fiesta bastaba con dejarse llevar por la música que se escucha en varias cuadras a la redonda. No te dijeron que para llegar a la Fiesta del libro bastaba con seguir los carros que hacen fila para entrar al parqueadero del Parque Norte o al estrecho, en celebraciones así, del Jardín Botánico. Tampoco te dijeron que encontrarías fila en ambos aunque tenías la sospecha de que así sería. Sin duda es más práctico llegar en metro, en taxi, o por cualquier otro medio de transporte público, pensaste decir a quien te lo preguntara.
Te dijeron también que a la “Fiesta” debías ir varias veces. El sábado en la tarde, día imposible por lo que significa como día elegido para hacer lo que no se alcanza en la semana, la primera. Llegaste al Orquideorama donde están los puestos de libreros, editoriales de nuevo y de viejo, puestos de lectura y otras atracciones de feria: el cajón para el “poncherazo” familiar y el espacio en muros para armar rompecabezas de colores. Te faltaron los saltimbanquis, la mujer con barba, o el hombre de fuego, pero viste cafés donde se baila tango y otros donde se dan charlas. Al final del día, ya ibas de salida, ya habías pasado entre la multitud que va en busca de algún título en particular, como el amigo que te dijo estar tras una buena edición de La María, sin encontrarla; o el estudiante que murmuró al oído de su novia con un libro de cuentos de Cortázar en la mano: “Este man escribe bien”. Te cruzaste también con los que se dejan llevar por los títulos y las cubiertas atractivas, los que ojean lo que hay en todos los puestos y no compran; o los que preguntan el precio, porque hay vendedores que no lo exhiben, y se asustan cuando se enteran que una Alegría de leer en edición de 1960, vale cien mil pesos; o que El mercader de Venecia , de Shakespeare, en edición de bolsillo vale veinte mil; o Las cosas, de Georges Perec, vale cuarenta y cinco mil, descuento incluido. Todo esto, lo sabes por un amigo, sin contar con que El último día de Ricardo Reiss de Saramago, o alguno de los títulos de Mario Bellatin publicados por la Editorial Sexto Piso, no se encuentran por ningún lado. Piensas entonces que hay muchas ofertas de “viejo”, “de relleno” dijo una persona a tu lado, y de “nuevo” a precio del mercado.
Sabes que volverás otro día pero decides dar otra vuelta por la exhibición que te parece más grande que otros años. Al amigo que te invitó a una charla sobre cómics de vaqueros le dijiste que era hora de regresar a casa, piensas entonces que si la invitación hubiera sido a escuchar lo que se dice sobre la escritura en internet, o los blogs, o incluso sobre el libro electrónico, te hubieras quedado pero sobre eso se habla poco en esta “Fiesta”.
Dejaste pasar los días de multitudes y volviste el lunes, en metro, día de poca gente. Fue lo que pensaste pero también había multitud, aunque menor, en los pasillos con libros a lado y lado. En uno de los cafés en tarima donde se presentan charlas, dos jóvenes con figura de “nerds electrónicos” hacen un recorrido por la historia del libro electrónico, inicios y evolución; hubieras preferido, te dijiste, escuchar algo sobre la relación con la escritura y la lectura en pantalla pero eso no se dio porque cuando pasaste otra vez frente a la tarima, después de ver algunas obras de Orlan, la artista que trabaja su cuerpo, la discusión está estancada en las ventajas del libro electrónico sobre el de papel en costos de producción, bodega y distribución. Nada de la relación con lo que pasa del otro lado de la pantalla. Fuiste entonces a buscar unos libros que hubieras querido comprar el día de las multitudes y no los encontraste, creer que todavía estarían allí fue una ilusión inútil, al precio que sea y ante la oferta numerosa la gente compra. Estás en una “Fiesta” te dijiste, donde hay de todo y pasa de todo, ves gentes conocidas de lejos, de cerca, te hablan o no te ven y siguen en busca de otra persona o de una charla. Como en los bailes populares, se baila y no se baila con todo el mundo. Aquí se baila con los libros y si tienes suerte o llegas en el momento preciso, encuentras lo que no imaginas, como un libro cuadrado, no muy grande, de una ilustradora coreana, Jung Yumi es su nombre, una novela gráfica sin textos, solo imágenes, exquisita. O por suerte también, encuentras un libro pequeño, entre otros muchos, un libro que toda la vida has conocido como La metamorfosis y ahora publican como La transformación porque según parece el título original estuvo mal traducido y Kafka quiso decir otra cosa. Hay que estar de suerte. Muchas cosas pasan por esta “Fiesta”. Volverás, te dices al salir ya de noche por la avenida Carabobo desierta, debe haber más sorpresas por descubrir.