El ser humano trimembrado

Cuando estamos pensando, experimentamos la concentración en la región de la cabeza, mientras los miembros están en reposo. Una idea concebida en una caminada, nos obliga a parar
/ Jorge Vega Bravo

El ser humano está constituido para el desarrollo. Para ello tiene que trabajar en el despliegue de sus capacidades. Trabajar en los límites y en las capacidades, es poner nuestro yo en actividad. El conocimiento interior no consiste en ensimismarse y aislarse del mundo, sino en empeñarse en un esfuerzo continuo para realizar el máximo potencial. ¿Despliega usted todo su potencial o tiene aspectos dormidos?

R. Steiner publicó en 1917 en su libro De los Enigmas del alma, los resultados de una investigación de 30 años, sobre relación del alma con lo físicocorporal. La trimembración funcional del ser humano desarrollada en este trabajo es uno de los fundamentos de la medicina y la psicoterapia antroposóficas. La visión trimembrada del ser humano permite la comprensión de las fuerzas curativas y de los procesos de enfermedad y es un camino para el desarrollo humano. “Quien cura debe ir al encuentro de tal principio revolucionario en el organismo humano…”: R. Steiner.

Para acercarnos a la organización triple, partimos de la ley del 3, presente en muchas tradiciones y culturas; se trata de una concepción triple del mundo, con dos aspectos: cielo (universo, cosmos) y tierra (mundo físico), y un plano medio donde se manifiesta la vida. La tradición china ordena su cosmogonía en trigramas que representan el cielo, el ser humano y la tierra. Las tradiciones cristiana e hindú tienen una representación triple de la divinidad. Si observamos la figura humana, hablamos de cabeza, tronco y extremidades.
En el plano de la conciencia humana tenemos dos orientaciones polares. Cuando estamos con la conciencia despierta o pensando, experimentamos la concentración en la región de la cabeza, mientras los miembros están en reposo. Así una idea concebida durante una caminada, nos obliga a parar, para dirigir todas las fuerzas a la cabeza. Este polo es llamado por Steiner: Polo neurosensorial.

Tenemos una vivencia opuesta cuando realizamos una actividad corporal intensa en la cual el alma se expresa en la voluntad. En este caso el ser se dirige a la organización del movimiento o Polo metabólico-motor.

Surge así una doble orientación del alma: su despertar en la organización de los nervios y de los sentidos, de un lado, y del otro su actuar en la organización del metabolismo y el movimiento. Estas dos direcciones polares son equilibradas por el sistema rítmico humano. Este sistema aparece relacionado con la capacidad de sentir, así como el PNS se relaciona con el pensar y el PMM, se relaciona con el actuar. (M. Girke)

Al aspecto del alma que se une con el cuerpo lo llamamos voluntad y al aspecto del alma que se une con el espíritu lo llamamos pensar. A lo que queda del alma en sí misma y retiene las fuerzas del cosmos, lo llamamos sentir.

Pensar, sentir y actuar en la misma dirección es coherencia. Y en la coherencia se despliegan nuestras capacidades, se impulsa el desarrollo de lo humano. En el estado de enfermedad triple que vivimos (columna publicada en la edición #661) necesitamos coherencia. En el pensar viven la verdad y la libertad, en el sentir la belleza y la igualdad y el actuar deben aflorar la bondad y la fraternidad. Si tomamos estos ideales de los griegos transformados por la revolución francesa y los llevamos a nuestro desarrollo, tendremos herramientas para salir del atolladero en que está Colombia. Todos necesitamos una actitud abierta, respetuosa, donde quepan el perdón y la verdad, y donde podamos dar vuelta a la página sin rencores. Lo mejor del ser humano espera ser desplegado de manera triple.

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