El Regreso del Tigre

  Por: Jose Gabriel Baena  
 
Parece el título de una telenovela, ¿verdad? Pero déjenme contarles. Entre las noticias que más me fascinaba leer cuando niño se encontraban, en 1960 y años de ese decenio, las noticias internacionales de guerra, los vuelos espaciales, las de los bandoleros famosos que eliminaban a cada rato, “Chispas, Sangrenegra”, “Desquite”, todas las historietas y… las notas que también salían cada quince días sobre los famosisímos hermanos Echeverri (¿o serían Echavarría?), los célebres matadores presuntuosos de TODOS los tigres (jaguares) que había en las selvas del norte de Antioquia. En esas noticias, que salían en la página mortífera de las malas nuevas del “ámbito judicial”, como si los pobres leopardos nuestros fueran otros tantos criminales, aparecía la foto de los hermanos Echeverri cargando amarrado de las patas en un palo, entre los dos, un gigantesco felino acribillado a escopetazos. La justificación de los asesinatos de estos astutos e inocentes gatograndes manchados era que salían de la selva a comerse el ganado y los perros y los gatos y las gallinas de los finqueros, nunca asaltaron a ningún humano, y que entonces había que acabar con los malditos. A mediados de los setentas los expertos declararon que el jaguar o leopardo antioqueño se había extinguido a punta de perdigones, y nunca más se volvió a saber de los peligrosos mininos ni de los Echeverris, gracias a Dios.
Pero, héte aquí que más de treinta años después “El Tigre”, como le decían los campesinos, volvió a aparecer. En plena casa montuna, en la vereda de Panamá Nueve a dos horas a pié de Remedios, El Tigre se le entró a la pieza a una pareja de colonos, persiguiendo al perro, que se escondió gimiendo debajo de la cama, y El Tigre, seguro hambriento, atacó entonces a la pareja –caramba, se habrá dicho, un plato distinto, ya era hora-, la cual se defendió con uñas y dientes y lograron después de forcejear con la espantosa bestia pegarle un machetazo, lo que lo puso en fuga. Si El Tigre volvió a Remedios después de 40 años, esto significa que nuestro felino, versión criollo-americana de los leopardos del Viejo Mundo, pero igualito, sólo que más pequeño, tiene una mamá Jaguara y un papá Jaguar y seguramente hermanitos Jaguaritos por allá en las selvas, noticia que me pone feliz, y también habrá muchos otros Jaguares primos, primos segundos, etc. ¡El Tigre Antioqueño ha vuelto! y esto debe ser motivo de celebración. A decir verdad me importaría un pito si ese Tigre u otro dieran buena cuenta de unos cuantos campesinos patisucios para que aprendieran a respetarlo de nuevo y a sacarle el quite y a dejarlo reinar tranquilo en sus territorios, sus selvas, quemadas inmisericordemente por los colonos paisas durante años para meter ganado. Y que le ofrezcan al borde del monte, periódicamente, unas cuantas reses y muchas gallinas y piscos y marranitos para que esté tranquilo en sus bosques, a manera de sacrificio al Gran Dios Manchado. El retorno del Tigre me acuerda de la película de Terry Gilliam, “Doce Monos”, en la cual en un futuro hipotético la ciudad de Nueva York, asolada por una peste, se queda sin humanos y vuelve a ser poblada por los animales… del zoológico.
Espero de todo corazón que no vayan a organizar expediciones vengadoras contra El Tigre, armadas de fusiles con mira telescópica, gafas nocturnas y toda clase de tecnologías. Los paisas jediondos son capaces de todo con tal de volver a aparecer en la vista con el tigre colgado del palo. Que el Señor Gobernador –que nadie sabe cómo se llama porque no aparece en las noticias para nada- disponga lo necesario para que los fanáticos cuidadores del medio ambiente, de los Parques Naturales, etc., se preocupen de que no les vaya a dar a los antioqueños por extinguir nuevamente a los gatitos traviesos del monte. En todo el mundo este tipo de animales, y muchos otros, están en camino a la desaparición. Ya estoy cantando mis oraciones verdes por que no se vayan a extinguir, a saber: los jaguares americanos desde Texas hasta la Argentina -en Costa Rica sólo quedan 50 detectados, ni mucho menos sus queridos parientes lejanos como los leopardos de toda el África, de Amur, de la India, Indochina, Persia, Java, China del Norte, Arabia, Berbería, Baluchistán, el Cáucaso, el Sinaí, Cachemira, Nepal. Oremos por el nuestro, a quien en distintos países llaman yaguar, yaguareté, otorongo, ocelote, tlatlauhquiocélotl en azteca, uturunku o unqa en maya, etc. No sea que dentro de poco estemos viendo en El Tesoro tiendas especializadas en artículos de la piel del Tigre… de Remedios.

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