El Poblado de 2009

     
     
    El Poblado de 2009
     
         
     
    Para que no nos engañemos, El Poblado de 2009 será más o menos como el de 2008, si no es que algo peor. Así ha sido siempre y nada parece indicar que esta vez sí le vamos a quebrar el pescuezo a la historia y revertir la tendencia de crecimiento desordenado de esta ciudad. Dentro de un año habrá niños pidiendo limosna en las calles y vendedores de discos piratas en La 10 (y de aguacates y todas las demás cosas que venden allí), conductores que no respetan las filas en los tacos y se pasan los semáforos en rojo para aprovechar ese segundo antes de que el otro semáforo de la intersección pase a verde. Un paréntesis: ¿Han visto que para hacer eso parece que se necesitan cierto tipo de carro y de actitud frente a la vida o las demás personas?
    Dentro de un año habrá más carros y más tacos y en 2009 tampoco entregarán ninguna obra pública a tiempo. Dentro de un año, el balance de 2009 dirá que la tragedia fue culpa del invierno, o del verano, pero en todo caso del clima. En 2009 el Alcalde tendrá que defenderse de sus acusadores y Vivir en El Poblado dará cuenta de los aciertos y desaciertos de sus políticas en nuestro barrio.
    2009 pues, será un año más en el inatajable paso del tiempo. Y esa es la razón para ser optimistas con lo que nos espera. 2009 puede ser un gran año, a pesar de los tacos, los atarvanes, la miseria, el Estado y todo lo demás. Es muy simple; basta con entender que las cosas serán como han sido hasta ahora, entonces no hay razón valedera para no intentar algo distinto. Lo peor que puede pasar es que nos vaya mal y eso no sería ninguna novedad en una ciudad que se apresta a desenterrar los cuerpos de cientos de personas asesinadas en los últimos años, en la que otros cientos de miles no tienen un empleo decente y en la que… (la lista de desgracias es muy larga).
    Pero también nos puede ir bien. Es como dicen los letreros que tienen algunos buses en Londres hoy en día. Podemos ser buenas personas por el solo hecho de ser buenas, sin la necesidad de una obligación legal o confesional, sin esperar alguna recompensa o por el temor de un castigo, solo porque decidimos serlo. Claro, eso se ve como una tarea de otro mundo, pero es mucho más simple de lo que parece y es de esas cosas que se vuelven tentadoras en esta época cada año.
    Los buenos deseos son parte de la materia con que se hacen las fiestas decembrinas y no podemos abstraernos de eso. Qué tal, por ejemplo, cada uno en la medida de sus posibilidades, hacer un derrame de valorización justo, no maltratar a la empleada, respetar las creencias ajenas, construir bien las obras públicas (y las privadas), y un largo etcétera.
    Sería un 2009 distinto al que parecemos destinados. Feliz Navidad y feliz año.