El mar de leva nos lleva y nos trae

La más reciente novela de Octavio Escobar Giraldo es una feliz marejada conradiana. Mar de leva (Literatura Random House, mayo 2018. 184 páginas) transcurre en Sulaco, la antigua Provincia Occidental de la República de Costaguana. Ambos lugares, Sulaco y Costaguana, son trasunto, es decir, imitación o imagen o representación de Panamá City y Colombia, respectivamente. Se los inventó el cuasi diabólico marinero polaco Józef Teodor Konrad Korzeniowski, conocido e idolatrado por su seudónimo, Joseph Conrad.

Por Esteban Carlos Mejía
Por Esteban Carlos Mejía

Costaguana aparece por primera vez en la novela Nostromo, 1904: un país tormentoso en meteorología y política, playas, islotes, arrecifes, minas de plata, mulatos, cocoteros, guerras civiles, luchas fratricidas, patria boba, héroes y mesías. Hasta la bandera es abrumadora: un trapo dividido en diagonal entre el rojo y el amarillo, con dos palmeras en el centro. Hoy en día, según Mar de leva, Sulaco es una nación independiente, separada de Costaguana, un típico paraíso tropical con un pasado feroz. Como dice Elena, la narradora de la novela: “la historia de este país es como la de cualquier otra banana republic: tragedia y folclor, ricos muy ricos y pobres muy pobres” (p. 80).

Tres protagonistas cautivan la atención del lector: Elena, Mariana y Javier. Elena es una espléndida cuarentona, bonita y sexy, heredera de una fortuna en decadencia, frívola, snob, extrovertida y bisexual (o al menos, lesbiana). Vive en Miami con su novia Kimberly y pasa breves temporadas en Sulaco. Un weekend invita y recibe en casa a Mariana, amiga y ex compañera de universidad, médica de Costaguana, todavía en la edad precoz de los 40, casada con Alejandro Guzmán, cuyo secuestro hace ya casi un lustro le ha templado la existencia, casi aniquilado su voluntad aún jovial y transformado en una mujer medio aburrida y… aburridora. El motivo del fin de semana es celebrar los 15 años de Javier, hijo de Mariana y Alejandro, un adolescente caviloso, encadenado al smartphone, a los chats con la novia y los amigos y a la efervescente lascivia de su tierna edad. (A los 15 años la paja es bendita.) Y además se aburre como una ostra en el caparazón. Para festejarlo, Elena se ingenia un regalo fantástico… ¡Alto ahí! Yo no revelo el final de un libro ni aunque me paguen unas vacaciones de verano en la Estación Espacial Internacional.

Octavio se toma casi la quinta parte del texto para hacer el casting de los personajes, lo cual puede resultar excesivo en una novela de menos de 200 páginas. Uno llega hasta malpensar que el hombre quería escribir más largo, ser más prolijo, según repiten, digo, reiteran los comentaristas de fútbol argentinos. Este agridulzor (permítanme el neologismo) se evapora cuando uno comprende que apenas se trata de propiciar el escenario oportuno para los acontecimientos de la trama, menos melodramáticos, eso sí, que la historia de Costaguana, secreta o pública, mínima o concisa, oligárquica o proletaria.

Mar de leva parece un homenaje toponímico a Nostromo: península de Azuera, batalla de Río Seco, “Con López Bento, familia y progreso”, Martín Decoud, Casa Gould, El Porvenir, don José Avellanos, mina de Santo Tomé, Fundación Holroyd para la Cultura, Esmeralda, Albergue Viola, Seguros Fidanza, Higuerota et al. Hasta el nombre de la actriz porno favorita de Javier, Freya Isles, recuerda a Freya of the Seven Isles, novella o novelette poco conocida de Conrad.

¿Pero qué hay detrás o debajo de tal despliegue de pirotecnia conradiana? Todo y nada. El mar de leva como símbolo de lo revuelto en las almas humanas. El deseo incestuoso de Javier por la mamá, viuda sin viudez. La ecualización sexual de pensamientos, vicisitudes y acciones. El fetichismo. La incertidumbre final: ¿Alejandro Guzmán está muerto o apenas lo van a matar? Todo y nada. La trivialidad y obsolescencia de la vida burguesa en las repúblicas bananeras contemporáneas. El vacío. El desperdicio de la existencia. La inmadurez eterna de las buenas conciencias. La perversidad. Y el horror. El horror. El horror.