El hombre, gestor de la verdad sobre él

Que sea la vida misma, no Google, quien pronuncie la verdad sobre la persona
/ Julio Jaramillo Martínez

La vida de la persona es, ante todo, una invitación: al encuentro con ella con el fin de ‘saber’ respecto a sí misma.

Gracias al recto ejercicio de esta misión la persona llega a proferir una verdad, nada menos que la noble verdad sobre la propia identidad. ¡Interesante cuestión!
Durante la realización de tal gestión la persona se percibe:

Como alguien capaz de establecer su propio proceso de personalización. Intuye allí la veracidad de sus días al descubrir el tesoro que posee: sus riquezas propias. Esas que a pesar de estar escondidas en el íntimo de cada quien se dejan hallar. Llegan a ser un atractivo imán que cautiva.

Como gestora de un paso a paso personalizador. Su escenario es el recorrido del tiempo, de la historia personal.

Como alguien que no simplemente está ahí. Que no es una especie de anónimo (sin nombre y sin identidad) sino alguien llamado a dejar huella.

¡Feliz encuentro! Es la primicia de lo que clamaría desde el íntimo personal: VIVIR ES VERDAD.

La verdad sobre la vida: mucho más que conceptos, palabras y definiciones.

La verdad entonces sobre el ser humano no puede reducirse a los conceptos teóricos con los que se ha pretendido definirlo. Son ellos los herederos del pensamiento filosófico, plasmados luego en manuales y en diccionarios.
Si la verdad sobre la persona se redujera a conceptos teóricos y al hombre se le preguntara qué es la verdad sobre él su respuesta provendría más de la enciclopedia (¿quizá Google?) que de su existencia. Un conjunto de definiciones teóricas, de conceptos, de palabras y de frases apuntaría a ese tipo de verdad teórica. Sería una verdad más de orden académico que de existencia cotidiana

Empleemos un instante para pensar sobre otro tipo de verdad sobre la vida.

La verdad sobre la vida con la propia vida como punto de partida.

¿Quién sino la misma persona es capaz de preguntarse por ella?
¿Quién sino la persona sabe si su vida es verdad, es verdadera o es ficticia?
Son preguntas-reto. Involucran la capacidad de análisis sobre la persona con un noble fin: responder desde sí, sobre sí misma y para sí misma.
Desde: la persona como génesis de la pregunta.
Sobre: la persona como escenario de la obra constructiva.
Para: la persona como fruto de la gestión.

No es ahora Google quien dictamina la verdad sobre la persona; en este momento lo hace ella.

Se está en la búsqueda, tan ardua como interesante, de hacer que la vida no sea un proyecto irrealizable.

Los frutos y los logros de ese empeño harán las veces de garante para que la persona pueda decir: es positivo que la vida es vida y que las andanzas del cotidiano portan el sello de la autenticidad humana. La meta está a la puerta del día a día: MI VIDA ES VERDAD, ES VERDADERA.

Sueños y logros, aspiraciones y realizaciones, conocimiento y re-conocimiento se van entrecruzando.

Cuando la vida se diluye.

El ‘aguafiestas’ de lo expresado hasta ahora brota del escepticismo existencial ante la vida. Lo sufren:
Quienes por condiciones históricas y sociales aparecen como desposeídos de un ambiente propicio para su realización personal. Triste y aguda realidad. En ella, el desarrollo humano es apaciguado.
Quienes impregnados más de pesimismo que de optimismo no toman las riendas de la verdad sobre la vida con tesón y dinamismo

Quienes, fascinados por lo exterior a la propia vida –modas, prototipos de persona, costumbres- olvidan, disipan y marginan el encuentro consigo mismos como punto de partida para la autenticidad personal. Parecen o quisieran vivir más de ‘lo otro’ que de ´sí´. La vida pareciera realizarse de solas apariencias. Se tocan las puertas de la falacia. En ésta, lo correcto quiere ser sólo el aspecto exterior, la imagen, lo que pertenece a la casa de modas. El ‘brillo’ de lo visible oscurece la luminosidad de lo invisible: el rico mundo interno del humano.

Quienes dejan en penumbra las riquezas personales. Las lanzan a la aguda incertidumbre, al ‘por si acaso’. Allí, la vida es más tolerada que amada.

ConclusiónLa verdad de cada vida, de cada persona, es el eslabón de esa gran cadena llamada Humanismo. En éste, los demás humanos percibirán un estímulo para ser igualmente gestores de verdad sobre sus vidas
Es el Humanismo la florescencia de vidas tan reales como auténticas.