El hígado, cenicienta de la Medicina

El hígado trabaja sin quejarse, sin fatigarse, manteniendo muy bien la cocina del organismo

/ Jorge Vega Bravo

El hígado es un órgano al que no le prestamos suficiente atención en la vida cotidiana y en la medicina. En el afán de fragmentar que tiene el modelo médico occidental, al hígado se le atiende cuando nos ponemos amarillos (ictericia) y tenemos una hepatitis, o cuando está golpeado por alcohol o uso excesivo de fármacos y aparece una insuficiencia hepática que termina en el endurecimiento del órgano (cirrosis) o en un cáncer hepático. Pero el hígado es un protagonista silencioso que hace pensar en el cuento de Perrault (1697), retomado por los hermanos Grimm en 1812: La Cenicienta. El hígado trabaja sin quejarse, sin fatigarse, manteniendo muy bien la cocina del organismo. Cuando tiene dificultades habla por terceros: no se queja por sí mismo. Un gastroenterólogo alemán dice que el hígado es tan generoso que, a veces, es “pendejo”.

La palabra hígado está relacionada con vida. En las lenguas germánicas es evidente: leber es hígado y leben es vida. En inglés, hígado es liver. Foie (francés) tiene la misma raíz que hígado en italiano (fegato) y en portugués (fígado), y se relacionan con “veg”, raíz de vegetal y vegetativo, y con higuera, árbol de la vida en culturas antiguas. Ficatum –latín– significa alimentado con higos.

En la práctica cotidiana observamos cómo el hígado es el órgano que gobierna las reservas de vitalidad, tiene ritmos propios y necesita cuidados básicos. Para la medicina china antigua y la cronobiología antroposófica, el hígado realiza el proceso anabólico en la noche, entre las 11 pm y las 3 am. En este tiempo debemos descansar para favorecer la reparación de la vitalidad. Así entendemos la máxima oriental: “Dormir una hora antes de las 12, equivale a dos después de las 12”.

Prometeo, quien robó el fuego a los dioses, es condenado a estar atado a una roca (lo material) en el Cáucaso. En el día un águila le picotea el hígado y se lo come, lo desgasta; en la noche el hígado vuelve a crecer, se regenera. En los mitos las aves son la imagen de lo neurosensorial que en el día produce conciencia y desgasta la vida. En la noche sucede lo contrario: regeneración. Se recupera el cuerpo vital y queda dispuesto para los procesos de conciencia diurna.

“El estado del hígado depende de la composición del agua de la zona en que vivimos” (R. Steiner). La vivencia del proceso del sabor, que trascurre en el elemento líquido (saliva), tiene gran influencia sobre el hígado. Degustar la comida, comer despacio y sin realizar otras actividades es un regalo para el hígado; mientras “la voracidad y el abuso, especialmente de alcohol, dañan al hígado” (W. Holtzapfel).

En ningún órgano transcurren movimientos tan complejos y diferenciados de los líquidos como en él. Cinco tipos de líquidos alberga: sangre arterial y venosa, sangre portal cargada de nutrientes, linfa y bilis. ¿Quién no ha tenido sed después de una cena copiosa o tras la ingesta de alcohol? Hasta aquí, elementos de fisiología. En la enfermedad, su comportamiento es bien especial: habla por terceros, pero tengan paciencia que se acabó el espacio.

Coda: El fin de semana tuve una aventura llena de contrastes: fuimos al Centro en metro –rica vivencia sumergirse en la cultura metro– para ver la exposición de Botero, El Circo. Deliciosa experiencia sensorial y estética. Y qué hermoso y semivacío está el Museo de Antioquia. Al salir a los alrededores entendimos por qué no llega más gente; ¡qué deterioro el del espacio público del Centro! Allí se toma el pulso de la miseria y la desigualdad que vivimos en esta ciudad.
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