El enamoramiento enceguece

“El enamoramiento enceguece”
Luis Ernesto Espinoza, o Chamalú, visitó Medellín. Este chamán boliviano, predicador de la sabiduría de sus ancestros quechuas, habla de cómo descubrir la felicidad

En su paso por nuestra ciudad se percata, un poco preocupado, del crecimiento del Valle de Aburrá. “Una ciudad grande garantiza hacinamiento, injusticia, enfermedad, inseguridad; son lugares ingobernables”. El urbanismo siempre ha sido un tema importante para Chamalú, y en su filosofía de vida y textos, plantea la urgencia de definir lo que es desarrollo, para que bajo esa premisa no se destruya la Tierra. Insiste en repensar los modelos de vida que llevamos: el despilfarro, el uso de químicos, las dietas desbalanceadas y el desperdicio de recursos naturales. “El ser humano tiene que ser muy crítico, estar informado y ser objetor de la destrucción de la Tierra. Hay que hablarlo en los medios, escuelas, vecindarios y usar las redes sociales para generar consciencia.”
Preservar la naturaleza le resulta fundamental, pues con ella se vuelve a las cosas simples de la vida. Dice que cuanto más contacto tenemos con ella, más se incrementa la sensibilidad, se purifican y energizan el cuerpo y el alma, y, como consecuencia, pasamos a darnos cuenta de lo que tenemos que ser y de lo que no tenemos que ser.
Es justamente ese crecimiento y esa apreciación del deber ser lo que atrae a tantas personas a las conferencias de Luis Ernesto. En aras de trabajar un chamanismo urbano, cerca de 50 personas acompañaron a Chamalú en su primer encuentro de tres horas en El Poblado. A sus espectadores les permitió preguntar sobre los temas que quisieron y acostarse en el piso en colchonetas, en un ambiente relajante y tranquilo a pesar de la bulla que entraba por las ventanas, proveniente de la calle 10. En todas las respuestas que ofreció, recalcó la necesidad que tiene cada persona de darse tiempo. Vivir para trabajar es un error, asegura; hay que ver el cielo, abrazar un árbol, caminar descalzo. “A la gente que le va bien no le queda tiempo. A la gente que, ‘le va mal’ le termina yendo mejor, pues un fracaso o un mal rato le permite reflexionar y repensarse, ver aquellas cosas que en la vorágine del éxito no se perciben”. El éxito es otra de las cosas que intenta replantear Chamalú. Debe ser interno y externo, y definido por cada uno. Sin embargo, para él se define como una vida con salud y felicidad. “Soy feliz en todo momento, no debe haber causas externas para la felicidad, pues si esta depende de algo puede acabarse en cualquier momento”.
Después de darse tiempo, afirma que es importante la auto-observación para conocernos y atraparnos in fraganti en los procesos de impaciencia, rabia, celos, etc., y así hacernos conscientes de lo que deberíamos dejar ir. Así van de la mano el conocerse a sí mismo y la felicidad, pues nos damos cuenta de lo que somos capaces de hacer, de lo que nos asusta y lo que no nos gusta. Conocerse, dice Chamalú, es como el escultor que saca lo que sobra de la piedra para definir la forma que busca. Con este fin en mente, le recomienda a cada persona hacer una lista de lo que le gusta hacer, y organizar su tiempo de manera acorde. Luego, hacer otra lista con lo que no le gusta y empezar a eliminar gradualmente esas cosas de su vida. La felicidad y el bienestar personal permitirán que interactuemos con otras personas de forma positiva, añade.
“Para tener una relación con otro, uno debe preguntarse honestamente si está bien y fuerte, es decir, con un buen nivel de imperturbabilidad, de invulnerabilidad”. Chamalú lamenta que no se enseñen estas cosas en los colegios: cómo amar, manejar la energía sexual, aprender a decidir, a ser libres, a renunciar, a no apegarse, ni crear dependencias que son las causantes del sufrimiento. Así se adentra en cuestiones románticas, a veces tan perjudiciales para el alma, mientras recuerda un reciente noviazgo fallido de su hija, a quien le sugiere, junto a los demás oyentes enamorados, plantearse un noviazgo a plazo fijo: ser novios por un mes. Y ¿qué pasa después? “Se toman unos días o unas semanas y evalúan la experiencia” dice tranquilamente. No tienen que hacer nada, al mes cumplido todo se disuelve de forma automática. “Es que el enamoramiento no dura mucho y enceguece” afirma Chamalú, en medio de las risas de quienes saben exactamente de qué está hablando. Es por esa ceguera que recomienda no tomar decisiones estando enamorado y no prometer nada, sin dejar de disfrutar el momento. “El enamoramiento es un tsunami de hormonas, imposible de surfear. Hay que esperar a que baje la marea para evaluar la relación con la otra persona.”