El derecho a pasar una noche de corrido

De un lado, vecinos del sector en una carta con 40 firmas piden la protección de sus necesidades de descanso, porque cuentan que los visitantes los perturban por ejemplo con la música de sus carros, y también de sus propiedades, convertidas, dicen, en el sanitario del after party. Pero al mismo tiempo que estos hablan de un espacio del trago, la droga y la ordinariez, otros lo referencian como un escenario de paz y convivencia que sirve para conversar y divertirse. Así se lo manifestaron al alcalde Fajardo y por eso le piden “poder estar allí cualquier día a cualquier hora”, según Juan Esteban Ángel y Alba Cañellas. 

De la puja participa además el comandante de Policía, quien sostiene que sus operativos de las madrugadas están amparados por las normas. A las críticas por expulsar a los usuarios y por llevárselos incluso para la estación, el mayor Fabio González responde que sus acciones le “ponen coto a las graves indisciplinas” que ha encontrado y que en efecto se pueden resumir en trago, droga y excrementos. González explica que por ejemplo consumir bebidas alcohólicas en parques de zonas residenciales está prohibido por la Ley, y que esta misma lo faculta para disolver todo grupo que atente contra la tranquilidad ciudadana.

Stella Zuluaga, Inspectora 14B de El Poblado, se suma al Mayor: “Los operativos son una manera de preservar la calidad de vida general, que prima sobre los intereses particulares. El parque después de las 2 de la mañana no es paz y convivencia”.

Pero pareciendo todo tan claro, hay un detalle que no debe obviarse, a juicio de Carlos Andrés Fernández, un usuario: “Las autoridades echan no solo a los generadores de conflicto, sino a las personas de bien y a los vecinos”.

Entonces, mientras unos piden poder pasar las noches de corrido, en cama, en silencio, seguros de que se les respeta, otros exigen su derecho no solo a amanecer en el parque, dedicados a la tertulia y al encuentro con el otro, sino también a que los distingan de los que violan las normas. La Alcaldía, que ya está informada, debe actuar con premura, porque otros barrios fueron víctimas en años anteriores de la indiferencia y la laxitud de La Alpujarra, lo que agravó el caos, pero también con inteligencia. Se trata de derechos de los ciudadanos.

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