El árbol II

El árbol nace y evoluciona gracias a sus raíces que se hunden en el mundo de las profundidades. Su tronco pertenece a la tierra y sus hojas y ramas son atraídas por la luz, por el firmamento. De los infiernos a los cielos, en tensión, el Hombre, como nosotros
/ Elena María Molina

Tal vez uno de los textos más emocionantes sobre sembradores de árboles es un pequeño relato del escritor francés Jean Giono (1895-1970): El hombre que plantaba Árboles. Abarca tres décadas de la vida de un personaje imaginario llamado Eleazar Bouffier, que cada noche seleccionaba cuidadosamente las semillas y al día siguiente las plantaba. Así pobló de árboles la región de Vergons. Todo parece indicar que tal relato es inventado, soñado por Giono, aunque las personas de la región cuentan que el hecho es verídico. Jean Giono contó que escribirlo obedeció a la inquietante necesidad de sugerir una política de siembra y protección de bosques. El relato es tan conmovedor y realista que Giono renunció a los derechos de autor para su divulgación y el texto se consigue en internet, además pequeños documentales. Es vigente y vale la pena leerlo.

Clarissa Pinkola Estéss escribió un himno maravilloso a la naturaleza y su capacidad de regeneración: El Jardinero fiel. Nada que ver con la película sobre la industria farmacéutica. Y en él la Pinkola narra tantas pequeñas historias que nos remiten al Árbol, a la naturaleza, al Paraíso, es decir a esta tierra. “A veces la gente pregunta: ¿Dónde está el jardín del Edén? ¡Vaya! El Edén está en este mundo, dondequiera que nos hallemos nosotros. Toda esta tierra al completo, bajo las vías del tren y las carreteras, bajo su gastada superficie, bajo los cascotes, bajo todas estas cosas, es el jardín de Dios… tan lozano como el día en que fue creado”. El texto es una gran invitación al cuidado de lo que “nunca muere”.

El árbol – Hombre centro, el árbol expresión de vida, símbolo de evolución, que siempre erguido se levanta hacia el cielo infinito. El árbol que nace y evoluciona gracias a sus raíces que se hunden en el mundo de las profundidades, el mundo subterráneo. Su tronco pertenece a la tierra, y sus hojas y ramas son atraídas por la luz, por el firmamento. De los infiernos a los cielos, en tensión, el Hombre, como nosotros.

Y como para completar el milagro de la naturaleza, donde el centro y lo más importante es el Árbol – Hombre, recordemos que en él están los cuatro elementos: el agua de la que se nutre y convierte en savia. La tierra y el aire que también lo alimentan y el fuego que surge por frotamiento.

Hablamos de árbol y también hablamos del árbol genealógico. Símbolo del crecimiento de la familia, de un pueblo. Es la representación de la historia familiar, donde plasmamos las relaciones entre los diferentes miembros. Árbol Hombre, Árbol Vida. Reconocer raíces es mantener el contacto con la esencia, con lo que hay que realizar en cada ser para dar frutos que siempre serán semillas, árboles, frutos. Y para recordar al poeta, Francisco Luis Bernárdez:

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

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