Educación para los sueños

     
      Publicado en la edición 388, 19 abril de 2009  
         
     
    Educación para los sueños
     
         
     
    Los recientes hechos que han conmovido a la ciudad con la reaparición de grupos delincuenciales y sus ajustes de cuentas nos llevan a pensar en la terrible historia que hemos tenido que padecer de cuenta del narcotráfico, de las bandas de delincuentes y de todos aquellos que desde hace tanto tiempo han asolado a nuestra ciudad.
    El ambiente de paz que alcanzamos a respirar, ahora enturbiado con estos actos criminales, obliga a que la ciudad piense en serio en las palabras del Alcalde, es preferible un mal rato que vivir sometidos a la dictadura de la delincuencia. Efectivamente, la medicina es dura, pero tal vez sea la única vía de llegar a ese puerto añorado.
    Hoy, cuando tanto se habla de la legalización de la droga y temas parecidos, sería bueno que nos pusiéramos a pensar si acaso no debemos sacar provecho de la historia y ver cómo con el alcohol y el cigarrillo, por ejemplo, han sido más efectivos los métodos educativos que los coercitivos. Una acción decidida de la justicia es necesaria y es lo que todos reclamamos, pero también un trabajo constante de educación y prevención que haga énfasis en lo nocivo de la droga, tal cual con estas otras sustancias, logre efectos fundamentales al reducir, por propia iniciativa de los posibles consumidores, la demanda.
    Igualmente, una acción decidida en la legalidad. Educar en los principios democráticos de la cultura de la ley es un camino que seguramente nos llevará, más temprano que tarde, a lograr cambios sustanciales en el orden de la ciudadanía. Los ejemplos de la reaparición de estas bandas de las que nos estamos quejando son el ejemplo claro de cómo haber trastocado los principios del imperio de la legalidad, lleva a que algunas personas opten por este camino tan oscuro y turbio.
    Tal vez cuando la sociedad en su conjunto se haga consciente de que las normas de la convivencia social no tienen valoraciones y no admiten decisiones personales, sino que son reglas que nos cobijan a todos y que por lo mismo son espejo de autoridades con competencia para impartir justicia ante los conflictos, veremos cambios reales y perecederos.
    Este cambio que esperamos ver reflejado en la sociedad en su conjunto, debe empezar por el acatamiento de normas, que a veces ni siquiera tienen que ser explícitas, sino tal vez sean solo el saber que los derechos que uno reclama como propios también implican el reconocimiento de los derechos de los otros. Algo que en abstracto parece sencillo, pero que en la práctica requiere pilares firmes de ética personal. ¿Ética que se aprende en dónde? En la casa, con el ejemplo, en las autoridades que respetan, en la justicia de una sociedad que aspira a vivir en el espíritu de la legalidad.
    Un mundo muy distinto del que tenemos que ver día a día. De eso se trata la vida, a veces hay que soñar con imposibles, y tratar de hacerlos realidad.