“¿Dónde vive, alcalde?”

Carta abierta de un “indignado”
“¿Dónde vive, alcalde?”
Apartes de la carta que Álvaro González, habitante de El Poblado, envía al alcalde Aníbal Gaviria por intermedio de Vivir en El Poblado

“Con impotencia y preocupación nos levantamos todos los días los habitantes de El Poblado pensando en lo que no debemos utilizar de nuestros elementos de trabajo, para evitar ser atracados fácilmente en los vehículos en que circulamos sobre las transversales o en las lomas que las cruzan. Desde motos, bandidos sin control se dan el lujo de escoger a su víctima, la amenazan con cualquier arma por la ventanilla y obtienen el botín que desean. Pero aunque los casos diariamente son muchos, no se ven las medidas eficientes que solucionen esta alcahuetería.

“¿Quiénes de nosotros, los habitantes del barrio, no conocemos personas cercanas que han sido atracadas? ¿Cuántos hemos sido víctimas de este tipo de atraco, y como si nada fuera? Pasan los casos a diario y no vemos ninguna reacción efectiva que al menos los disminuya. Al alcalde parece que no le importara sino su programa de televisión tipo salón de belleza, donde la especialidad es maquillar lo que pasa en la ciudad. Ya ni siquiera estamos a salvo en los restaurantes, son muchos los casos que se oyen. Donde entran, escogen a quién atracar y salen tranquilos (…).

“Señor alcalde, ¿usted dónde vive? Sentimos temor cada que llegamos a un semáforo, a un trancón de las transversales porque aparecen las motos sin control que se han tomado nuestras calles. ¿En qué está invirtiendo los descarados cobros que impuso? No sabemos en qué se gasta esos dineros, pero en la seguridad no se ven. Nosotros tenemos el derecho a que nos proteja, no es un favor que le pedimos. ¡Qué vergüenza, pagamos nuestros impuestos y usted anunciando cuñas de radio de la seguridad de Medellín con los famosos cuadrantes!

“Pero este flagelo le cogió ventaja. Relato el atraco que sufrió mi hijo de 15 años a solo 4 cuadras de la casa, en la calle 10 con la carrera 34, cuando se dirigía a la barbería a motilarse el jueves 25 de julio. Dos sujetos de aquellos que no tienen moto pero se disfrazan vendiendo dulces en los semáforos también sin control, lo asaltaron a las 3 y 30 de la tarde. Con un arma cortopunzante lo intimidaron y le extrajeron del bolsillo su celular y el dinero que llevaba. ¡Qué belleza, alcalde! “Ya no son solo motos, también los comerciantes informales de la calle. A solo dos días del atraco, muy campantes, sin orden ni ley, los encontramos en el semáforo de El Tesoro con la Superior protagonizando su papel, como unos pobres muchachos de aquellos que no han tenido oportunidad en la vida, buscando la lástima de los ocupantes de los vehículos para que les compren unos dulces. De inmediato me dirigí al lugar y tomé las fotos de estos personajes, para entregarlas a las autoridades.

“Vemos como pasan a diario las motos con la placa volteada, ya nos atracan en las esquinas y nos chequean en los semáforos. ¿Y usted qué hace que pueda calificarse como eficiente, con resultados? ¿Por qué las cámaras de las fotomultas son solo para multar a los ciudadanos que atracan pero no sirven para disparar alarmas cuando atracan frente a ellas? ¿Por qué no hay patrullas fijas de control y requisas en puntos básicos como en administraciones anteriores? ¿Acaso hoy la policía no está mejor dotada en todo sentido? Y, para su conocimiento, las damas también atracan; no son solo parrilleros hombres. “Este es un tema de voluntad, los recursos están ahí, pero requieren de la actitud de quererlo hacer y hombres con talento que los hagan productivos.

“Se nos está dañando el barrio donde con esfuerzo hemos decidido vivir y donde usted, señor alcalde, vive. Invito a la comunidad para que nos organicemos en las redes sociales, informemos sobre los atracos que sufrimos, para que midamos la gravedad de este problema y exijamos medidas serias y eficientes que hagan retornar nuestro barrio a la normalidad.

“Ayer fue atracado mi amigo, después otro amigo, más tarde un conocido, otro más y otro más, el mes pasado fui yo y el jueves mi hijo, pregúntese cuando será usted si no le ponemos fin”.