Diga qué haría, señor candidato

¿Cuántos no añoran hoy aquellos “buenos tiempos” de bajo crecimiento, mínima inversión extranjera y tasa de cambio devaluada?
Resulta entonces que, justo ahora que aprendieron a exportar, cada vez reciben menos y menos pesos por sus muy luchados dólares. Y miran con envidia cómo progresan los importadores, para quienes la fiesta parece no tener fin.

¿O qué tal el aumento en el consumo de vehículos, tanto de cuatro como de dos ruedas? A nuestras ciudades se les está viniendo una verdadera avalancha, para la que ninguna estaba preparada. Con sus reducidos presupuestos y estrecha capacidad de maniobra, lo máximo que pueden hacer nuestros alcaldes es ampliar un poquito esta vía, otro poquito aquella, hacer unas cuantas conexiones entre vías existentes y pare de contar.

Cualquier cosa que hagan en muy poco tiempo será ahogada por la enorme cantidad de vehículos nuevos que coparán hasta el último espacio disponible. Si el parque automotor crece al 10 o 15% anual, y la cantidad de pavimento si mucho al 5%, vamos directo hacia el embotellamiento total. En un solo año empiezan a circular por Medellín cerca de 30,000 vehículos, sin contar motos. Si se pusieran pegados uno tras otro, la fila india iría entre Bello y el Alto de Minas, ¡de ida y vuelta!

¿Cómo manejar esto? Un alcalde muy aplaudido puede mostrarse amigable con sus gobernados y no tomar decisiones impopulares, pero esa bonhomía pronto se reflejará en saturación creciente. Los trancones que hoy nos desesperan nos parecerán mínimos dentro de muy pocos años. Por más SIT que haya, por más metrocables y metropluses y demás etcéteras.

Y el problema le pasará al siguiente alcalde, quien ya no podrá hacer lo mismo. Tendrá que amarrarse más los pantalones y aplicar medidas drásticas, necesariamente orientadas a desestimular el uso y la compra de vehículos. Además, para limitar un poco el deterioro ambiental de nuestro encerrado valle.

Como por ejemplo: pico y placa mucho más amplio y severo que el actual; peajes para el ingreso a ciertas partes de la ciudad; castigo al uso individual del vehículo; impuestos de rodamiento muy superiores, y un largo etcétera de opciones, ninguna de ellas deseable.

No parece probable que un candidato a la alcaldía se comprometa en campaña con alguna de estas medidas. Seguro tratarán de pasar agachados respondiendo generalidades o buscando convencernos de que la situación no se pondrá tan crítica.

Corresponde a nosotros, sus posibles electores, presionarlos para que fijen posiciones concretas sobre un tema tan vital. Y a un medio como este periódico, por ejemplo, corresponde coordinar uno o más foros con los candidatos sobre el tema de tránsito. Ya están avisados.

Mientras tanto, cuando estemos navegando los próximos trancones, seguiremos añorando las vacas flacas.

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