Día Internacional de la Palabra

Día Internacional de la Palabra
Esperemos que la palabra se comparta este día y los que le siguen de hoy en adelante

Por Saúl Álvarez Lara
En las primeras líneas de Cien años de soledad hay una frase que determina el muro insoslayable a que nos enfrenta la falta de palabras: “… El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo…” Algo parecido sucedió en La guerra del fuego, la película de Jean Jacques Annaud, cuando los Ulhamr descubrieron que los Kzamm tenían un arma secreta que servía para todo. Ignoraban de qué se trataba, solo los Kzamm sabían como conservarla. Los Ulhamr lograron robar parte del arma pero su temor se trocó por otro: ¿Cómo conservar viva esa cosa que ellos no sabían cómo se llamaba? Jean Paul Sartre tituló su autobiografía Las palabras y la dividió en dos capítulos: “Leer” y “Escribir”, y entre ellos narró su vida. Los diseñadores de caracteres tipográficos sienten desaparecer su trabajo cuando los lectores buscan el contenido y el significado de las palabras pero no ven el tipo de letra en que están impresas. René Magritte, el pintor surrealista belga, puso a tambalear el sentido de las palabras al escribir sobre el retrato de una pipa: “Esto no es una pipa”. Raymond Devos, el cómico francés, era llamado “El malabarista de las palabras” por su facilidad para jugar con la pronunciación y los contrasentidos que su lengua permite. Hace años una biblioteca en busca de lectores publicó un anuncio ilustrado con las veintisiete letras del alfabeto. El titular decía sencillamente: “En nuestras estanterías encontrará todas estas letras en las más emocionantes combinaciones”. Hace poco Antonio Lobo Antunes dijo en una entrevista: “Quisiera que las páginas de mis libros se convirtieran en espejos”. Treinta palabras que narran una historia con final, se dicen con buen ritmo y dicción en treinta segundos. Cerca de quinientas palabras tiene esta nota. Quién no recuerda el famoso: “mi mamá me mima”.
Las palabras vienen con todos los poderes: comunican, reflejan, enseñan, divierten, son fuente de agravio o de fortuna. Las palabras no se acaban, se repiten, pero aun así tienen la facultad de renovarse y renovar su tiempo. Se necesitan palabras para definir lo eterno y lo inmediato, lo dulce y lo amargo. Se necesitan palabras para contar una historia y también para no contarla; el silencio no es ausencia de palabras, es un significado, hay silencios que llevan incluidas más palabras que la conversación misma. He escuchado escritores hablar de su lucha permanente para encontrar la palabra justa. También he escuchado gentes que poco tienen que ver con la escritura buscar palabras para narrar sus historias, sus achaques, sus días. Si la palabra no estuviera en todo nos veríamos obligados a señalar porque desconocemos el nombre de la cosa, o impedidos de compartir porque no sabemos dónde ni cómo. Y si, como escribe Borges en El jardín de los senderos que se bifurcan, una ficción lleva a otra”, las palabras llevan a otras y esas a otras y esas otras a otras…
La proclamación frente a la ONU del 23 de noviembre como Día Internacional de la Palabra es una iniciativa de la Fundación César Egido, española, consciente de la necesidad del diálogo como herramienta fundamental para la erradicación de toda violencia. Ojalá todos los días de hoy en adelante, la palabra fuera lazo único y permanente para la convivencia. Más información en http://www.dayofwords.com