Después de las fiestas

En los últimos días recibí correspondencia de dos lectores del periódico planteándome escribir artículos que contemplasen estos dos temas: ¿Cómo alivianar el peso después de las fiestas de fin de año? y ¿Cómo variar la dieta de aquellos que almuerzan diariamente fuera de casa?, bien sea porque lo llevan en una lonchera o porque lo compran en una cafetería o comedor al paso.
Las fiestas de fin de año normalmente están condimentadas con tres o cuatro elementos enemigos de una buena dieta y por consiguiente de la línea: fritos, harinas, azúcares y alcohol, este último presente en algunos casos; ingredientes que además son demasiado ricos al paladar paisa como para estar diciendo permanentemente “no, muchas gracias” o “de esto no puedo porque mi dieta no me lo permite”. La repetición de esta frase a la dueña de casa tres o cuatro veces durante la noche, cuando nos ofrece unos pasantes o una copa de licor, se convierte automáticamente en una insinuación clara para no ser invitado nunca más.
La preparación diaria de la lonchera típica es un ejercicio infame: preparar desde la noche anterior una comida desabrida, con poco o ningún sabor, por ejemplo una ensalada de lechuga y tomate acompañada de arroz y una tajada de carne fría, dieta que a la hora de ser abierta para ser consumida -y en conocimiento de lo que se encontrará- invita a pasar o a hacer un viaje a la cafetería de la esquina a comprar alguna comida rápida, como por ejemplo una o dos empanadas, o un buñuelo o una almojábana, acompañados de una gaseosa; o un plato de frijoles, tajadas de plátano, arroz y aguacate; o cualquier otra delicia “light” como es la que ofrecen los almuerzos de cafetería.
Ambos hábitos alimenticios, a pesar de ser bien dispares, tienen algo en común: son desbalanceadas en términos de nutrición. Por lo tanto, querido lector, si le sobran kilos o desea cambiar de hábitos alimenticios empiece por hacer una visita al dietista, quien es la persona indicada para revisar sus prácticas, recomendarle y prescribirle una dieta balanceada y adecuada para sus necesidades particulares. Mejor y más indicado será olvidarse de hacer la dieta recomendada por algún amigo o conocido, ya que la misma no está diseñada para atender sus condiciones particulares.
El dietista normalmente le indicará lo que se puede consumir periódicamente, aquello con lo que uno se puede premiar en forma excepcional debido a un buen comportamiento y aquello de lo que habrá que olvidarse por algunos días, meses o años. Por otro lado le debería entregar una lista de sustituciones, las que le permitirán darle variedad a sus comidas, evitando la monotonía y aburrimiento de consumir algo repetitivo.
En general todos los que hemos hecho dieta, después de un tiempo razonable estamos cansados de saber que los martes toca, por ejemplo, ensalada de tomate, arroz y atún y los miércoles ensalada de frutas y así por el estilo cada día de la semana.
Romper este círculo vicioso y ganar la guerra al sobrepeso requerirá un poco de estudio bien sea en libros de cocina o investigando en Internet, para tratar de alinear recetas de aquellas comidas permitidas con sabores o productos que nos sean agradables y despierten nuestro interés. Después de identificarlos, será necesario visitar la plaza de mercado, la carnicería, la pescadería, la salsamentaría o el supermercado para identificar aquellos productos que están en época de cosecha y, por tanto, están más baratos, para alinearlos con nuestra lista de alimentos permitidos y empezar a cocinarlos y a practicar la dieta.
En el próximo artículo trataré de compartir algunas ideas de alimentos que considero sanos y nutritivos que pueden ir en la lonchera, teniendo como meta preparar una lonchera variada y nutritiva. Comentarios serán bienvenidos en alvaronenator@gmail.com.
Buenos Aires, enero de 2012.