Desde el Museo / Noviembre (quincena 1)

     
     
    Publicado en la edición 402, Noviembre 15 de 2009
     
         
     
     
     
    La iglesia de San José de El Poblado
     
     
    Esta arquitectura es intencional, no espontánea, y en ella Rodríguez recoge su pensamiento acerca de las características que le parecen propias de la arquitectura religiosa y quizá reivindica el papel de este templo en la historia de la ciudad
     
         
     
     
         
     
    Por Carlos Arturo Fernández U.
     
     
    La iglesia de San José de El Poblado, que en su estado actual fue construida entre 1903 y 1910 y se prepara a celebrar ese centenario con un serio trabajo de restauración, está profundamente ligada a la historia y a la cultura de la ciudad.
    En efecto, a través de una serie de construcciones, derrumbes y adecuaciones, el templo es heredero directo del levantado en el poblado de San Lorenzo de Aburrá tras la fundación de 1616 y, en ese sentido, representa un verdadero primado en el Valle del Aburrá. Pero son igualmente interesantes sus vínculos con la historia cultural de Medellín en las primeras décadas del siglo pasado.
    La iglesia actual se debe al trabajo de la oficina de arquitectos de Horacio Marino Rodríguez y sus hijos. Horacio Marino, hermano de Melitón con quien había creado la famosa Foto Rodríguez, se destacó por sus preocupaciones analíticas y teóricas. En 1897, a los 31 años de edad, publicó el primer libro especializado sobre fotografía que apareció en Colombia, y años más tarde dos textos más, “El libro del constructor” y “Tratado de Arquitectura”, como desarrollo de su actividad docente en la Escuela de Minas. En otras palabras, es uno de nuestros grandes valores culturales.
    La iglesia de San José de El Poblado, de una sola nave, fue construida en ladrillo a la vista, en estilo neorrománico, siguiendo una tendencia dominante en la época, marcada, sobre todo, por las obras de la Catedral de Villanueva que seguían los planos de Carlos Carré, cuya influencia es notable en toda la región.
    Sin embargo, es necesario destacar que la recurrencia a estilos artísticos del pasado (el románico se desarrolló en Europa entre los siglos 11 y 13) es un fenómeno que se extiende por todo Occidente entre finales del siglo 18 y comienzos del 20, paradójicamente como un signo de modernidad. El neorrománico es, en cierta forma, nuestro primer esfuerzo por vincularnos con las tendencias globales de un arte internacional. Pero también es resultado de una libertad creativa que había comprendido que, del amplio bagaje de la historia, el artista está en la posibilidad de elegir el estilo que mejor se acomode a sus intereses y propósitos.
    En otras palabras, esta arquitectura es intencional, no espontánea, y en ella Rodríguez recoge su pensamiento acerca de las características que le parecen propias de la arquitectura religiosa y quizá reivindica el papel de este templo en la historia de la ciudad. En efecto, en 1902 habían concluido las obras de reconstrucción de la iglesia de San José (Ayacucho con la Avenida Oriental), originalmente levantada para albergar el cuadro de San Lorenzo tras el derrumbe del antiguo templo de San Lorenzo de Aburrá en 1720. Quizá para señalar esa relación, que hacía patente el valor de primado histórico de la iglesia de San José de El Poblado para Medellín cuando la ciudad acababa de ser erigida en Arquidiócesis (1902), Rodríguez retoma la idea de levantar la torre directamente sobre la fachada (como en la otra iglesia de San José), un estructura bastante insólita en la antigua arquitectura románica y que recuerda mejor rasgos del gótico alemán.
    El templo se completa entre 1923 y 1926 con la reforma de su interior, realizada por Agustín Goovaerts. Pero eso amerita una consideración posterior.