Las ciudades y su contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Desarrollo Sostenible

Impactos como el cambio climático y la pérdida de biodiversidad se originan en las ciudades. La alteración de los ciclos del nitrógeno y el fósforo, por ejemplo, obedece en gran medida al abuso de fertilizantes para la producción de comida

La definición de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) por parte de la ONU entrega a las ciudades, por primera vez, un rol protagónico en la persecución de objetivos globales de sostenibilidad. El número 11, Ciudades y comunidades sostenibles, da cuenta de un nuevo enfoque: de pensar en el desarrollo en las ciudades, a pensar en el rol de las ciudades en el desarrollo; de ver a las ciudades como lugares para acciones de desarrollo sostenible, a verlas como impulsoras de cambio global. Este objetivo es el primer intento unificado de establecer una visión urbana global en cuanto a aspectos sociales, económicos y ambientales de las ciudades y sus sistemas.
Por lo menos en parte, la atención que antes se enfocaba en narrativas catastróficas se ha dirigido hacia temas de empoderamiento y acción. Este nuevo enfoque ha traído consigo la motivación de promover soluciones pragmáticas, en vez de intereses políticos; innovación, en vez de ideologías; y soluciones, en vez de imposiciones. Muchas discusiones contemporáneas acerca de las ciudades giran alrededor de soluciones tecnocráticas que priorizan el desarrollo económico, dejando a un lado preocupaciones de justicia socioecológica. Especial atención se necesitará entonces para entender cómo funcionan las ciudades, no solo cómo están construidas; en no desautorizar iniciativas locales de cambio, sino en reforzarlas y complementarlas. En particular, es importante entender los valores y las tradiciones de aquellos involucrados en –o impactados por– los esfuerzos de implementación de los ODS y de qué manera ganarán o perderán.

Es importante defender el rol del conocimiento local en la búsqueda de la sostenibilidad en las ciudades. Varios autores han expresado su preocupación por los efectos que tienen los imaginarios impuestos de ciudades sostenibles: a nivel global, modelos de ciudades norteamericanas o de Europa; a nivel local, la imposición de grupos dominantes sobre comunidades con menos poder. Algunos han llamado a esto “imperialismo de estilos de vida” o “tiranía de los expertos”. Aunque sociedades complejas como las modernas han evolucionado en gran parte debido a las tensiones y contradicciones que las caracterizan, es necesario adaptar, no solo adoptar.
Hoy se habla de “límites planetarios” para referirse a los límites físicos de nuestro planeta, y de encontrar un “espacio seguro” en el que las actividades humanas puedan operar sin amenazar la vida. A pesar de que impactos de tanto alcance como el cambio climático y la pérdida de biodiversidad son manifestaciones globales de acciones insostenibles, muchas de estas acciones se originan en las ciudades. Es claro que, aunque muchos de los impactos más significativos sobre la capacidad de soporte de nuestro planeta se manifiestan lejos de ellas, somos los urbanitas quienes más presionamos los límites de los sistemas naturales. Por ejemplo, el cambio en el uso del suelo y la reducción de la biodiversidad tienen vínculos directos con la vida en la ciudad.
La Nueva Agenda Urbana es un llamado a reconocer la responsabilidad que viene de la mano de la comodidad que brinda la ciudad. Aunque la tecnología y la vida moderna se han encargado de esconder el origen de los recursos y el destino de los desechos, llamados globales como los ODS, y en particular el número 11, buscan reconectar las ciudades y sus habitantes con lo que los rodea. El gran reto es entender que las acciones locales tienen un impacto sobre lo global, que las acciones individuales contribuyen al impacto colectivo, y que el cambio que se requiere en la sociedad depende, en gran medida, del cambio dentro de cada uno de nosotros.