El deporte, un escape al encierro en El Poblado

Ciclovía en El Poblado
Deportes en El Poblado

De los 886 escenarios deportivos públicos que administra el Índer Medellín, ocho están en El Poblado. De las 16 comunas de la ciudad, esta es la que cuenta con el menor número de espacios de este tipo. Solo como punto de comparación, Castilla tiene 100, Laureles 98 y Belén 94. Si contamos además los cinco corregimientos, El Poblado solo supera a Santa Elena, con cinco, y Palmitas, con tres.

Daniel Palacios, director del Índer, señala que quisieran tener más espacios deportivos en esta comuna, pero también es cierto que la oferta va de la mano con la demanda, y la participación de la comunidad de este sector en los programas que dispone la entidad es muy baja.

El Índer ofrece 67 programas de deporte, recreación y actividad física en El Poblado, con los que impactan a 1.571 personas. La comuna tiene, según datos de la Alcaldía, 131.486 habitantes (2017). Es decir que el 1,1% de su población accede a la oferta del Índer. Aquí no se cuentan quienes libremente usan los espacios deportivos vía préstamo, ni tampoco quienes acuden a las ciclovías de la avenida El Poblado, Ciudad del Río y Las Palmas, que en conjunto suman 16 mil usuarios.

Para César Núñez, profesor investigador de Psicología de la Universidad de Medellín y director del Grupo de Investigación en Psicología y Procesos Clínicos Sociales, el deporte es una de las vertientes que tiene la organización humana para construir comunidad.
El Poblado, como lo advierte el director del Índer, ofrece algunas particularidades que no permiten que su gente se integre mediante el deporte en los escenarios públicos. La principal es que la mayoría vive en urbanizaciones cerradas que, por lo general, cuentan con espacios exclusivos -cerca del 83% calcula la Alcaldía-, y además eligen, por condiciones económicas, pagar por cursos o escenarios privados, como en establecimientos abiertos al público o clubes (el promedio de ingresos mensuales por hogar es de dos millones y medio de pesos).

El reto para la entidad, señala Palacios, es convencer a los habitantes de esta zona de la ciudad para que se enamoren de lo público, esto es con escenarios y oferta de calidad.
Una manera de lograrlo es instalar dicho concepto desde la población más joven, y en ello es clave el deporte colegial y universitario con los juegos que organiza el Índer en la ciudad, y en los cuales participan los 23 instituciones educativas públicas y privadas y las seis universidades que tienen sus sedes principales o sucursales en El Poblado.

“Es una manera perfecta de integrar la ciudad, que niños y jóvenes se la caminen y repliquen ese impacto social que tiene el deporte en la ciudadanía. Nuestro objetivo es visibilizarlos más, mostrar la articulación entre deporte y educación”, comenta Palacios.

El deporte y las condiciones sociales y mentales

En un entorno como el de El Poblado, donde la mayoría de su gente vive encerrada en urbanizaciones, y en la que si bien hay oferta de programación deportiva pública, los lugares para practicarlos son limitados, el deporte se convierte no solo en una manera de generar comunidad, sino además de mejorar las condiciones de salud física y mental.
El psicólogo César Núñez plantea que en estratos altos, el deporte ayuda a evitar que sus habitantes tengan mayor predisposición a condiciones de estrés y tensión y a consolidar grupos de interés relacionados entre sí, como las comunidades que acuden a gimnasios, que montan juntos en bicicleta, entre otras actividades comunes en este sector.

“La práctica deportiva logra centrar muchos intereses que son preventivos de problemáticas sociales como la violencia y la predisposición a estilos de vida negativos en temas de alimentación inadecuada o a tendencias sicoafectivas y emocionales asociadas a patrones depresivos o de patrones opresores”, concluye Núñez.

El espacio encerrado no es impedimento

El preparador físico y educador deportivo William Villa, quien ha trabajado en equipos como Independiente Medellín, Santa Fe y Deportivo Cali, comenta que vivir en espacios cerrados como urbanizaciones no es impedimento para realizar actividad física, no necesariamente deportiva.

Comenta que hacerlo no solo mejora la parte física sin que tiene implciaciones en factores sociales, estrés, autoestima, tensión y presión.

Sugiere acudir a los parques del vecindario, las unidades deportivas cercanas o vincularse a algún grupo que practica una actividad física, incluso el baile.

“Por pequeño que sea el edificio, casi todos tienen un salón pequeño. Allí se pueden hacer todo tipo de ejercicios, ejercicios de flexibilidad, equilibrio que ayudan a segregar hormonas que ayudan a aclarar muchas cosas en la parte física y mental”, cierra.