Cuidar la lengua

     

    Cuidar la lengua

     

     
     

    Una lluvia de correos electrónicos dedicados a despotricar de todo ha inundado nuestros buzones esta quincena. Vergonzoso comienzo de una campaña por la Alcaldía la que se dio inicio con estos mensajes, más propios de épocas pasadas o como si provinieran de aquellos que a fuerza de balas amedrentaron candidatos en el pasado.

    El camino de la reconciliación de la ciudad debe partir de reconocer que Medellín durante muchos años olvidó a sus ciudadanos, especialmente a los más vulnerables y que no podremos hablar nunca de desarrollo pleno si debemos aceptar como natural la miseria en la que algunos deben fingir ser víctimas de una tragedia para lograr ser atendidos por el Estado.

    La campaña malintencionada contra candidatos o contra el propio Alcalde, basada en prejuicios y en argumentos sin peso, debe motivarnos para que aún en los ecos de estas semanas dedicadas al lenguaje consideremos que nuestro idioma está lleno de palabras que igual pueden servir para denigrar como para construir; para sembrar odio o paz, para mentir o para decir la verdad.

    Medellín creció plagada de eufemismos para evitar llamar a las cosas por su nombre, y esa hipocresía que juzga a las personas por su gustos o sus creencias, por sus apellidos y sus antepasados, juzgalas acciones de las personas haciendo eco de rumores y de odios.

    Los candidatos a suceder a Fajardo, en todo caso, tendrán un camino muy duro y deberán orientar todas sus energías a construir positivamente los argumentos para demostrar que lo bueno que se ha hecho merece mantenerse y lo malo deberá corregirse.

    Hablar de Empresas Públicas con cifras y no con rumores; del Metroplús con datos ciertos que sustenten sus juicios; de los parques biblioteca con la realidad de que hay que ponerlos a funcionar y a generar los frutos para los cuales están planeados; hablar de espacio público, educación, infancia y marginalidad; de recuperación de vías, de mantenimiento de andenes y de movilidad; de ciudad para los ciudadanos, de justicia y paz. En eso deberían estar trabajando y si saben de delitos es su obligación denunciarlos donde se debe y no por medio de anónimos y pasquines que se basan en prejuicios, mojigatería y rumores.