Creen que los demás tampoco leen

El ladrón juzga por su condición. Como algunos no leen, creen que los demás tampoco. Pobres angelitos, váyanse con ese manto a misa
/ Esteban Carlos Mejía
En verdad os digo: hay personas muy agoreras. Se la pasan invocando el abismo: “Los jóvenes no leen, los viejos no leen, en este país nadie lee nada”. Muestran estadísticas infernales sobre el consumo (¡el consumo!) de libros per cápita en Colombia, cifras que maluquean hasta al más vigoroso. Refunfuñan, murmuran, despotrican, ofenden. Reniegan de escritores, editores, libreros, lectores: para ellos, todos somos una cáfila de analfabetas (funcionales).

¿Sí será así? ¿Tanto fatalismo? Mi percepción es menos pesimista. Por donde voy veo gente leyendo. De todo: libros, periódicos, revistas, panfletos, tablets, smartphones, portátiles. Lectores autónomos. Y omnívoros, además: literatura, tecnologías, administración, poesía. Lectores sin moralinas ni culpas: leen por placer, no por obligación. Cada cual piensa como vive. Mejor dicho, el ladrón juzga por su condición. Como algunos no leen, creen que los demás tampoco. Pobres angelitos, váyanse con ese manto a misa.

* Día tras día. ¿Y la efeméride literaria de esta semana? El 20 de agosto de 1890 nació en Providence, Rhode Island, Estados Unidos, un bebecito pálido y ojeroso, bautizado por sus padres como Howard Philips, que al cabo de los años, ya muerto, sería leído, plagiado y reverenciado como H. P. Lovecraft o, simplemente, Lovecraft.

Lovecraft fue un bicho raro. Salía poco de su casa, en la que divagaba sobre mundos inexistentes, repletos de criaturas terroríficas, engorrosos misterios y enigmas sin solución. Salía poquísimo, repito, y sólo de noche, después del crepúsculo. Aunque fue un ingenio precoz (escribió su primer cuento a los ocho años de edad), tardó en aceptar y reconocer su propio talento. En 1926 publicó La llamada de Cthulhu (The Call of Cthuluhu), la noveleta que inició los Mitos de Chtulhu, ese ciclo de más de quince relatos de horror, aún insuperados por su imaginación y audacia. Es paralizante el pavor que su lectura depara a los más arriesgados. ¿Te crees muy valiente? ¿A prueba de espantos? Coge los Mitos de Cthulhu y haz la prueba. Ya hablaremos cuando los pelos se te pongan de punta…

* * Body copy. “El Coronel llevaba meses atormentándose por haber dejado marchar a Evita. Nada tenía sentido sin Ella. Cuando bebía (y cada noche de soledad bebía más), se daba cuenta de que era una estupidez seguir llevándola de un lado a otro. ¿Por qué tenía que entregarla a gente desconocida para que la cuidara? ¿Por qué no le permitían hacerlo a él, que la iba a defender mejor que nadie? Lo mantenían lejos de su cuerpo, como si se tratara de una novia virgen. Era una estupidez, pensaba, tomar tantas precauciones con una mujer casada, ya mayor, que desde hacía más de tres años estaba muerta. Dios mío, cómo la extrañaba. ¿Era él quien daba las órdenes o eran otros? Se había perdido a sí mismo. Esa mujer o el alcohol o la fatalidad de ser un militar lo habían perdido”.

Tomás Eloy Martínez. Santa Evita. 1995.
* * * Vademécum. ¿Vademécum? Dice el Diccionario de la Real Academia Española: “Libro de poco volumen y de fácil manejo para consulta inmediata de nociones o informaciones fundamentales”. ¿Agorero?: “Que predice males o desdichas. Se dice especialmente de la persona pesimista”. ¿Cáfila?: “Conjunto o multitud de gentes, animales o cosas, especialmente las que están en movimiento y van unas tras otras”. ¿Omnívoro?: “Dicho de un animal: Que se alimenta de toda clase de sustancias orgánicas”.

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