Construcción de una maravilla

      Construcción de una maravilla  
         
      Medellín es sin lugar a dudas una ciudad pujante, amable y con muchas oportunidades, pero la verdad, no es una ciudad tan bonita como la que queremos. Al hacernos la pregunta sobre las Siete Maravillas que nos harían volver a este valle, inmediatamente llega esta: ¿Qué tenemos aquí que pueda competir con la Torre Eifel, la Estatua de la Libertad o las Pirámides de Egipto? Respuesta inmediata: nada.

    Tenemos mucho para ofrecer, pero no tanto para mostrar. Así también fue Bilbao, hasta que decidieron transformarla para que en su propia identidad, se convirtiera en destino obligado de todo visitante a España. No solo se trata de edificios, es necesaria una infraestructura en transporte, hotelería, gastronomía, además de otras virtudes como seguridad, comunicaciones o comercio por ejemplo, porque clima y amabilidad si están en nuestro inventario. En Medellín se cometió, y se sigue cometiendo, el pecado de haber arrasado con todo. No fueron conservados los pocos edificios y barrios que había y que en el futuro serían mostrados como testigos de nuestro pasado. Hay que recordar siempre que los palacios que visitamos y admiramos en otras partes del mundo, alguna vez fueron la casa de alguien.

    Las ciudades son un continuo perpetuo de fe. Una construcción colectiva que invierte cada día pensando en que mañana estaremos mejor, por eso, la alegría que produce pensar en una ciudad de verdad y no con el pecaminoso rasero que excusa y justifica nuestras mediocridades con el argumento de que “por aquí es así y nosotros no podemos tener lo que otros tienen” y sin embargo admira y presenta como modelo ciudades donde se sienten orgullosos de sus aceras amplias, su sistema de transporte, sus universidades, su ausencia de miseria en las calles. Cada escuela que se haga en Medellín, cada biblioteca, cada metro de acera  o cada árbol que se siembre nos acercan a esa ciudad ideal. No tenemos esos monumentos históricos para mostrar, pero pensando con dignidad algún día tendremos aquí esa maravilla en la que soñamos estar viviendo.