Cinelibertad

Cinelibertad
Una experiencia para vivir el cine y compartir las artes

Todas las noches llaman la atención unos visos luminosos y multicolores en el segundo piso de una casa ubicada en una esquina del parque de El Poblado, carrera 43 B con la calle 8. Tras la ventana se ven las siluetas de dos jóvenes. Es la Casa Audiovisual Cinelibertad y quienes la habitan son Iván Aristizábal y Óscar Pico.
A eso de las 8 pm. la sala en donde conversan se vuelve pública. Entra cualquier persona que desee admirar obras maestras de la historia del séptimo arte que no se encuentran en los cines comerciales de la ciudad. Dos sofás de cuero están dispuestos para los espectadores, además de sillas de madera traídas de algún comedero antiguo. La pared, a la que se le da la espalda cuando se ve la película, está cubierta de afiches de festivales audiovisuales pasados y de algunas frases a manera de grafitis: “zumpiendo el underground”, “la libertad tiene la palabra”, “la mirada corta del mundo”. De un cuadro sale la cara de una mujer esculpida y bajo esta, la forma abstracta de un dibujo en lápiz sin terminar. Mientras es la hora de obturar el proyector, un joven llega al lugar y escucha rock de una de las listas de reproducción de un computador. Es uno de los autores del dibujo y trabaja por un rato en los ojos derretidos de un monstruo que inició días atrás en aquella superficie.
Comienzan a entrar los primeros interesados en ver la proyección de ese día. Con acento extranjero preguntan por el título y pasan a sentarse en uno de los muebles, en los que también se estira Bob, la gata de la casa. “Los turistas son el público que nunca falta. A veces son los únicos”, cuenta Iván. Más tarde, entran dos hombres de edad avanzada. “Esto no parece Luis Buñuel”, dice uno de ellos, después de unos minutos de inicio de Él. “Esta película la realizó el director cuando estuvo exiliado en México durante la dictadura franquista en España”, aclara Óscar. “Quizá es la película donde más he puesto yo, hay algo de mí en el protagonista”, dijo Buñuel de esta producción, basada en la novela homónima de la escritora Mercedes Pinto, aseveración que quizá plantearía otras miradas al inquieto.
El film prosigue y la gente entra y sale a su antojo, ingresa en la mitad o se va sin ver el final. Una pareja, que llega retrasada, alcanza a comprender la paranoia del protagonista y saca conclusiones: “Está enfermo, existe gente así, posesiva, celosa e insegura”.
“Recuerden que tenemos tinto y cerveza”, dice de pronto una joven, mientras saca estas bebidas de una habitación. El precio aparece señalado en un cartel que también invita a hacer un aporte voluntario. En la sala principal hay una consola para que Djs toquen en fiestas interactivas y al final del único corredor se abre la puerta a un cuarto convertido en galería. Allí se exponen las obras de pintura, escultura y collage de amigos bogotanos, hasta cuando otros artistas deseen apropiarse de él.
Además de proyectar películas, la casa de Cinelibertad “es un espacio incluyente de resistencia cultural en el que músicos, dibujantes, realizadores audiovisuales, artistas y diferentes colectivos se unen y dan a conocer lo que hacen”, dice Óscar. “¡Pueden traer a su familia, a los parches de amigos!”, agrega Iván.

Cine al barrio, el inicio
“Contemos una historia, la que tú quieras. Puede salir de tu imaginación, de tu experiencia, o de la combinación de ambas, le digo a una niña que está en el parche. Y empezamos a escribirla: ‘Aquí en esta cancha fue donde por primera vez fumé marihuana’, y así…”.
Iván Aristizábal es de Bogotá. Llegó en diciembre de 2011 a vivir en Medellín, al barrio Belén. Allí conoció a los jóvenes que tienen como punto de encuentro la cancha de Belén Los Alpes. “Este es un espacio en el que se olvida lo demás para vivir lo que pasa ahí”, por eso le pareció una comunidad ideal para intervenir, y eso fue lo que empezó a hacer.
El objetivo es que esos jóvenes produzcan una película. “En la creación y en la realización de varias labores es cuando se puede aprender para la vida” y es así como se da la educación, según Iván. Para llevarlo a cabo, buscan el apoyo de la Alcaldía de Medellín, de empresas privadas y demás aliados que quieran hacer parte de esta propuesta. “Por el momento contamos con amigos que nos facilitan equipos técnicos”, agrega Óscar.
Proyectos como el de Belén son los que promueve la Fundación Cinelibertad Arte Audiovisual, creada en 2009 en Bogotá por estudiantes de cine y cinéfilos, entre ellos Iván y Óscar. La idea era llevar el cine a la calle. Transmitir una película desde una tractomula y circular por toda la ciudad, utilizar el edificio del Banco de la República como pantalla y reproducir videos en piscinas, fueron algunas de las formas como comenzaron a irrumpir en el espacio público. Hicieron cineclubes en colegios y universidades, talleres de formación audiovisual y producciones a partir de estos. Al principio estas labores fueron autogestionadas: aportes de amigos, préstamos personales y con la ayuda de voluntarios. Con un cineclub itinerante, obtuvieron los primeros equipos. En el transcurso de estas acciones, se han financiado con recursos de la Alcaldía de Bogotá y del Ministerio de Cultura participando en convocatorias.
“Cinelibertad busca ser una alternativa a la idea que nos quiere vender el mundo del entretenimiento”. El nombre Cinelibertad “habla de una misión de liberar el arte, de explorar otros caminos, cambiar las narrativas, salir de la estandarización y pasarse los límites que existen”, manifiesta Óscar.
El cine como herramienta de transformación fue lo que impulsó el proyecto en Belén, antes de la llegada en julio de este año a El Poblado. La Casa Audiovisual Cinelibertad es uno de los tantos proyectos de la fundación.
Así como a Medellín, quieren llegar a otras ciudades del país. Y, así como a Belén, quieren llegar a otros barrios como Barrio Antioquia, continuando la labor de cambiar escenarios, adecuarlos para ver cine, llegar a la calle, abrir mentes y transformar realidades.