Cien obras del Museo de Antioquia

 

Se repite con mucha frecuencia que la crítica de arte pasa por una profunda crisis que la ha hecho desaparecer de los periódicos y revistas del país. Es un estado de cosas que no parece exclusivo de Colombia porque parecidas afirmaciones se descubren en casi todas las latitudes. Detrás de estas preocupaciones se esconde casi siempre una referencia más o menos velada a una época anterior en la cual una generación de críticos excepcionales definía categóricamente los valores y separaba los buenos artistas de los malos.

Sin embargo, quizá no se tiene en cuenta suficientemente que la crítica de arte es una actividad que ha ganado una gran complejidad en las últimas décadas. Sobre todo, en un contexto en el cual el arte se entiende hoy como una manifestación de la cultura, la función de la crítica se dirige a propiciar la experiencia y disfrute de las obras de arte, mucho más que a la consagración o condena de artistas y trabajos. Y este cometido le impone unas condiciones pedagógicas y una claridad especial, en la medida en la cual pretende llegar al mayor número posible de lectores.

Esta serie acerca de las obras del Museo de Antioquia en Vivir en El Poblado quiere encarnar esa clase de crítica de arte.

En primer lugar, por medio de un lenguaje simple y directo, propone a sus lectores que consideren la posibilidad de aproximarse al arte, que se presenta como una fuente de reflexiones y de crecimiento personal. La estrategia es muy sencilla; cada una de las obras presentadas sirve para traer a colación un problema de la historia del arte, de la estética o de la realidad social, de tal manera que, en el breve espacio de una cuartilla, el lector pueda descubrir por sus propios medios algunas de las riquezas propias del arte. Por supuesto, se trata siempre de análisis muy parciales que solo pueden enfrentar alguno de los aspectos de la obra.

Pero también, en segundo lugar, la serie busca invitar a los lectores a reconocer y valorar nuestro patrimonio artístico y cultural. Muchas veces se piensa que el arte está limitado a las élites sociales y económicas y que para ver buenas obras de arte es necesario buscarlas en otros países. Por supuesto, no se trata de desconocer los valores tradicionales de la historia del arte, pero sí de afirmar -dentro de una concepción contemporánea de la cultura- que cada pueblo produce el propio arte, el más importante y necesario para su desarrollo. Tenemos muy buenas obras, profundamente significativas y valiosas para una cultura de la cual somos hijos.

Dentro de sus límites modestos, este es un proyecto de ciudad y de nación. Lo que en última instancia sostiene esta serie es la convicción profunda de que no existe el desarrollo sin la conciencia de los propios valores culturales, porque es la única alternativa posible para que nos reconozcamos como ciudadanos de un país que nos pertenece pero que solo existe en la medida en la cual lo construyamos entre todos.

 
 
Carlos Arturo Fernández Uribe.