Cambio, mutación, transformación

 
Es indispensable hacer el cambio, ascender en la evolución para terminar con las luchas que nos desangran y la única opción es personal…
/ Elena María Molina

Con la violencia que vivimos, cuando vemos que por todas partes en el mundo ella se expande, cuando los valores y las creencias se derriban, hay un gran llamado para todos: ¿Qué hacer para que esto cambie?

¿Vamos a seguir en la indiferencia, en la represión que mantiene la guerra y llena las arcas de los productores de armas? ¿O vamos a cambiar? ¿Vamos a seguir presenciando indiferentes la muerte de inocentes?

El Hombre está destinado a cambiar, a mutar, a transformase, eso está inscrito en nuestro ADN ¿Pero será que esta mutación es en regresión, cada día más violentos, más salvajes, más faltos de conciencia?

El Hombre nace y muere solo, esa es una verdad ineluctable. Esa es parte fundamental de la naturaleza humana. La soledad. Y la conciencia universal tiene como base ese principio individual. El todo se estructura desde la individualidad. Desde la intimidad – soledad de cada uno. Y a cada uno le corresponde encontrar cómo entrar en esa intimidad donde no existen ni la política, ni la filosofía, ni las religiones. Es uno con uno mismo.

Esta tensión nos invita a despojarnos de todos los prejuicios mentales, de las reacciones emocionales y del velo con que las sensaciones esconden la realidad. Es indispensable hacer el cambio, ascender en la evolución para terminar con las luchas que nos desangran y la única opción es personal, desde el corazón de cada cual, para que el colectivo realice el gran cambio (Gandhi, Mandela…). Es el miedo al cambio lo que nos puede llevar al fracaso.

¡Hay que ascender! Hay que pasar a una era más evolutiva, ser un eslabón de conciencia. Tanta violencia nos asfixia, nadamos colectiva e individualmente a la deriva, tenemos que respirar un aire diferente.

Lo vivimos día a día: las leyes que creamos son amañadas y caducas. Así que ahora debemos asumir nuestra libertad. Dejar de nadar en los cardúmenes de la indiferencia para asumir nuestras alas de libertad y volar, ascendiendo hacia una conciencia individual, fundamento de la conciencia colectiva.

Qué maravilloso sería entrar en el espacio interior capaz de acoger todo, tolerancia, para devenir universales, es decir ser creadores en lugar de ser destructores. Ni la política, ni las religiones, ni las filosofías nos van a sacar de la tragedia. Es el corazón de cada uno el que va permitir este nuevo ciclo en la cadena evolutiva. El corazón es una mina de oro que nos pertenece.

La opción es el cambio personal, de lo contrario el monstruo de la violencia y la destrucción va a seguir creciendo y seguiremos con nuestra impotencia frente a los acontecimientos, desgarrándonos la vestiduras y rápidamente olvidando.

El cuerpo, portador del alma individual es nuestro fundamento. Y el alma encuentra su realización en la materia que posee una riqueza que se renueva constantemente y que va mas allá de nuestras pequeñas comprensiones. Y es de ahí que el Hombre extrae toda su fuerza creadora, la luz, la claridad a la cual todos aspiramos.

El alma y el Hombre deben ir siempre juntos y si el alma no evoluciona, si ella no encuentra otra salida que la violencia y la destrucción, es ella la que va a destruir al Hombre. Eso es lo que está haciendo y lo que sigue si no mutamos en nuestra consciencia. Si no creamos desde el corazón, nuestra vida está perdida. Y el ser humano va a desaparecer de este planeta como tantas otras especies han desaparecido ya.

Hay que descender a nuestra profundidad y todo nos grita que lo hagamos, para poder ascender y que la mutación en nuestra consciencia hacia lo más alto, se haga posible.
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