LA BUENA MESA
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Yuca cocinada con hogao

De la edición impresa (Edición 317)

Toda ciudad que se ufana de ser ciudad, goza de unos lugares ubicados de manera muy particular en donde sus habitantes de la noche y sobre todo los amantes de ver despuntar el sol con botella en mano, logran regodear sus excesos etílicos y su hambruna mañanera con una oferta de platos no muy santos, o mejor dicho, nada convencionales con respecto a su desayuno cotidiano. En el Medellín de hoy y desde hace muchos años pululan en sus 4 puntos cardinales verdaderos entables ambulantes con energía pirateada, mesas con butacos y parasoles, en donde los amanecidos de fin de semana logran saciar su hambruna con una serie de propuestas bastante lejanas de nuestras tradiciones regionales en aquello que llamamos desayuno paisa. Es un hecho, actualmente quien desee menguar su apetito o catalizar sus tragos, encuentra en los lugares referidos cosas como las siguientes: salchipapas y salchiquesos con salsa rosada, perros calientes con repollo y viruta de papa, hamburguesas con cinco salsas diferentes, arepas de queso rancio embadurnadas de leche condensada, chuzos de pollo, Pony Malta, Gatorade, Red-Bull y otras tantas bebidas todas de garantizada acción reenergizante. Nada hay para hacer, esa es la cultura gastronómica de la generación del reguetón y merece su respeto.


El chócolo: su prodigioso y subestimado recetario

De la edición impresa (Edición 316)

Comienzo por poner en claro que yo soy de las que a la mazorca tierna del maíz la llamo chócolo a sabiendas de que muchos coterráneos la llaman choclo. No sé que opinarán los entendidos, pero para el tema que voy a considerar me da lo mismo referirme a chócolo que a choclo ya que el sabor final de sus preparaciones no cambian si lo llamamos de una u otra manera. Vamos al grano: en mi anterior columna (Sopa de cura en vereda) hice referencia a las torticas de chócolo que en muchas familias antioqueñas se involucran en la receta de la sopa de arroz; referencia que motivó a más de un conocido o colega para solicitarme que escribiera alrededor de tan conspicua receta. Como pasa con la gran mayoría de nuestras preparaciones, pretender la existencia de una receta estandarizada es algo bastante utópico pues las versiones y procedimientos cambian de familia en familia convirtiéndose en un asunto de infinitas variables; sin embargo me atrevo a opinar que existen 3 propuestas fundamentales a saber: tortica de chócolo sin nada; tortica de chócolo con quesito y tortica de chócolo con cebolla junca picada. No se trata de tomar partido sobre la mejor… me fascinan las tres y acompañadas de suero costeño son auténtica maravilla culinaria. Pero la verdad de todo este asunto es que en la cocina colombiana existen innumerables recetas con base en la mazorca tierna y con los más disimiles resultados tanto de sabor como de consistencia. Es así como podemos hablar de sopas, cremas, salsas, buñuelos, tortas y pasteles y con la moda e imaginación de los nuevos cocineros en nuestro medio he degustado deliciosos helados derivados de la joven mazorca.

Postre de mariscos al gratín y arepas con denominación de origen certificado DOC
Viendo los programas de cocina de la televisión regional cada vez me aterrorizo más al comprobar como los estudiantes de las escuelas de gastronomía en Medellín 

Sopa de cura en vereda

De la edición impresa (Edición 315)

Hasta hace pocos años funcionó en las partidas de La Fe (Municipio de El Retiro -Oriente cercano) el restaurante Casa Verde, en cuya carta aparecía esta sugestiva propuesta. Tengo entendido que se trataba de un plato estrella con una gran demanda, pues una vez el mesero explicaba a quien solicitaba los detalles de su composición, el comensal de turno indefectiblemente quedaba prendado. La sopa en cuestión era una sencilla sopa de arroz, cuyas arandelas, o mejor dicho, cuya guarnición la convertían en algo verdaderamente majestuoso, pero de laboriosa preparación. Más de una vez me senté a manteles en el restaurante referido y saboreé la susodicha sopa, la cual en todas las ocasiones generó comentarios culinarios de mis eventuales acompañantes, pues se trataba de un plato que todo el mundo conoce, el cual, a la hora de la verdad goza de numerosas variables, pues como acontece con la mayoría de recetas de los platos regionales, no existe una minuta única y estandarizada, debido a las sutiles variaciones derivadas de las costumbres familiares.


Minimalismo vernáculo

De la edición impresa (edición 314)

Espero no levantar ampollas entre los arquitectos y diseñadores que eventualmente ponen sus ojos en esta columna, pues hoy me voy a meter en sus oficios, ya que he quedado encantada con el diseño y la solución funcional de una cocina que observé en un restaurante de carretera entre San Antonio de Pereira y La Ceja. Reconozco ser impermeable a los saberes del espacio, el color, el volumen y la funcionalidad, aspectos todos que cuando se conciben acertadamente, conforman en su conjunto el lugar perfecto para su disfrute; sin embargo, la cocina en cuestión está lejana a virtudes estéticas y es tal vez su extrema sencillez la que realza su estilo. Se trata entonces de un lugar sin pretensiones arquitectónicas, en donde bajo la sombra de un techo a dos aguas y en un rectángulo abierto, opera un comedor con mesones de madera cepillada que aforan más de 40 comensales y en donde la cocina o “zona de calor” se ubica en el centro proveyendo a diestra y siniestra de manera expedita a su numerosa clientela.

El enigmático sabor del agua

De la edición impresa (Edición 313)

Existen en este mundo cosas tan obvias que su importancia para el común de los mortales pasa completamente desapercibida; por ejemplo en asuntos de cocina y de gastronomía el agua se asume como un elemento manifiesto, al cual en muy contadas ocasiones los chefs o los gourmets dedican análisis y reflexión. Sin lugar a dudas el agua es el elemento más importante de la cocina universal y sobran los comentarios sobre su capacidad transformadora, en calidad de base esencial para más de una resultante culinaria de reconocimiento mundial. Dicen los expertos que bebidas tan reputadas como el whisky y el café, dependen más de la calidad del agua para su preparación o mezcla, que de los granos de las cuales se derivan… no exagero, lo dicen reconocidos catadores de cada una de ellas. Preguntarán algunos lectores: ¿Si el agua no tiene sabor, qué es lo que aporta el agua? Permítaseme transcribir unas sencillas apreciaciones que hace algunos años encontré en un librito despastado y de autor anónimo, quien al respecto decía:


Scallops

De la edición impresa (Edición 313)

Hacen parte de la familia de los moluscos y tienen una de las conchas más usadas en la cocina ya que se puede reutilizar para servir diferentes platos de pescados y mariscos. Su sabor es delicado y un poco dulce.

Pueden comprarse frescos o congelados y su tamaño varía dependiendo la talla, pero los más comunes son los medianos y los pequeños. Calculamos una porción de 180 gramos por persona.

Pueden cocinarse de diferentes maneras: a la plancha, hervidos, fritos, pero siempre teniendo en cuenta de no usar temperaturas muy elevadas ya que su carne es muy delicada.También pueden comerse marinados crudos a la manera de ceviche.

En español se les conoce con el nombre de vieiras o conchas peregrinas.


Scallops parisiense

Ingredientes

  1. 30 scallops pequeños.
  2. 7 onzas de vino blanco.
  3. 1 taza de agua.
  4. 1 tallo de perejil.
  5. 1 hoja de laurel.
  6. Sal y pimienta.
  7. 1 onza de mantequilla.
  8. 1 cebolla reja finamente picada.
  9. 1/2 libra de champiñones.
  10. 3/4 de onza de harina.
  11. 5 onzas de leche.
  12. 2 onzas de crema de leche.
  13. Polvo de pan y queso parmesano.

Preparación: En una olla cocinar los scallops por 5 minutos en el agua y el vino blanco aromatizado con las hierbas, sal y pimienta. En una sartén derretir la mantequilla y sofreír la cebolla hasta que esté transparente y luego los champiñones, fuera del fuego agregarle la harina y el líquido de cocción de los scallops junto con la leche y la crema, revolver hasta que espese y dejar reducir en bajo hasta tener una textura cremosa; agregarle los scallops y poner en las conchas, espolvorearles un poco de queso parmesano mezclado con polvo de pan tostado. Hornear hasta que doren.



Por qué aumenté 3 kilos en mis vacaciones

De la edición impresa (Edición 312) 

Hace más de 20 años paso mis vacaciones navideñas en la costa Caribe colombiana y es un hecho que cada vez que me reintegro a mis actividades laborales en el mes de enero, me encuentro con unos kilitos de más, pues jamás me hago el propósito de privarme de las delicias culinarias que en aquellas tierras se me ofrecen. No voy a chicanearle a nadie, pero desde hace 6 ó 7 años estoy visitando una pequeña reserva ecológica ubicada en el Golfo de Morrosquillo entre Moñitos y Arboletes conocida como la región de Río Cedro. Pues bien, además de existir allí hermosas playas, exuberante mar, fauna y vegetación indescriptibles, sus pobladores son gentes campesinas de una amabilidad y una alegría permanente, cuya cocina podría estar presente en la carta del mejor restaurante de cocina colombiana, en representación de la cocina campesina de nuestra costa caribeña.


8 – 18

De la edición impresa (Edición 311)

No se trata de mi número preferido para la lotería o el chance, mucho menos de una cábala navideña, tampoco es la nomenclatura de un lugar para comer, es sí el nombre de uno de los mejores restaurantes que funcionan actualmente en Cartagena. Así tal cual: 8-18.

Costumbres sureñas y pelados multiplíquense por cero
Cuando el mundo era más feliz sin celular, en la casa se encontraban cosas tan galo-paisas y hoy ajenas como el chifonier

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