Son un aliado ideal de todo momento, desde el brunch de fin de semana hasta de la rumba en discoteca. Un aliado versátil para mesas donde cada comensal elige platos opuestos en sabores.
Basta de la limonada de coco
/ Juan Felipe Quintero

Me cuentan que los vinos con burbujas se hicieron visibles a la mala en nuestro país, en manos de gente oscura de esa de los 80, que chicaneaba por su exuberancia de pago y, a cambio de elegir una bebida para disfrutar, brindar y comer más rico, acudía a su temible fórmula del “¿cuál es la botella más cara?” y del “deme tres de esa vaina”.

Vaya momentos vinagres.

Pero se equivocan quienes, aterrados por esas expresiones burdas, asociaron las burbujas con esos señores. La champaña, para hablar de uno de los nombres propios de este tipo de vino, porque todas las champañas son espumantes, pero no todos los espumantes son champaña, tiene registros desde por lo menos finales de 1600. Alianza con la naturaleza, sensibilidad, tradición, buen gusto, arte…

Y como la champaña, producto propio de la región del mismo nombre de Francia, también hay prosecco y franciacorta, de los italianos, el sekt alemán, mientras los demás franceses elaboran vin mousseux, los catalanes nos proveen cava; chilenos y argentinos aplican los términos sparkling wine, espumante o espumoso.

Todo un universo de burbujas, con aromas afrutados y toques semejantes a las levaduras, de paladar refrescante, con el que estamos en deuda. Sí, por el clima cálido en que ya vivimos, por nuestros gustos en la mesa, por lo enrumbados que nos mantenemos, nos debemos unos buenos tragos de burbujas.

Clave, muy, servir a 8 grados, fría mas no helada, para que las bajas temperaturas no borren sus atributos, y mucho menos “al clima”: a 26 grados, incluso los tintos dan brindis hostigantes.

Para conseguir esos 8 grados bastará con tener la botella durante 15 minutos en una cubeta llena al medio con hielo y agua. En nevera serán tres horas.

¿Qué esperar de un brindis como estos? Un aliado ideal de todo momento, desde el brunch de fin de semana hasta de la rumba en discoteca. Un aliado versátil para mesas donde cada comensal elige platos opuestos en sabores. No pidan limonada de coco, que es como revolver el plato fuerte con el postre.

Hace una semana descorché un cava y lo acompañé con un taco de rabo de toro a la europea, del chef belga Jonas van Laethem, delicioso. Hay muchas más opciones: burbujas con salmón a la parrilla, pasta a la carbonara y riñones al jerez. Burbujas con comidas china y thai. Con arroz a la marinera, lomo de cerdo a la naranja o carpaccio de res.

¿Van haciendo agua sus bocas? Pues no he terminado. Burbujas con huevos revueltos, almejas a la marinera, ensalada de queso, tomate y albahaca o pollo al curry. Con mollejas a la parrilla o pato a la naranja. Y más: con arroz con leche, mousse de chocolate o peras al vino tinto.

Denle la oportunidad que ya muchos vinos tintos han descorchado, y ni se diga las gaseosas que se han servido. Y compren sin temor, que unas buenas burbujas se consiguen en el supermercado desde 40 mil a 60 mil pesos.
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