Una empresa familiar instaló hace más de 30 años una bodega para la elaboración de vinos dulces, con uva Isabella; el nuevo reto es abrirse mercado con productos de otro perfil ¿Dónde? En el departamento del Tolima
/ Juan Felipe Quintero

Cada vez que me cuentan de la existencia de un viñedo en Colombia, mientras muchos preguntan “¿para qué?”, yo opto por el “¿cómo?”. Los documentos sobre instalación de viñas exitosas aluden siempre a los hemisferios Norte y Sur como zonas privilegiadas, mientras estas montañas son señaladas como orígenes “del trópico”, inservibles.

Los vinos en Colombia provienen de Olaya (Antioquia), Nobsa y Villa de Leyva (Boyacá), el Valle y Zapatoca (Santander). Hasta ahí iba yo. Se dice que no tienen los atributos de franceses, italianos, españoles, chilenos, argentinos; entre tanto, Carlos Bravo, en Viña Sicilia, ubicada a 20 minutos del puente de Occidente, exhibe 15 premios internacionales y otro orgullo reportan Marqués de Punta Larga y Marqués de Villa de Leyva.

Hasta ahí iba. Pero me contaron sobre Payandé, bosque seco tropical, a 20 minutos de Ibagué, con tardes soleadas donde el calor trepa a 40. Y en vez de preguntar “¿para qué?”, (incluso, afirmar “destinen la tierra para arroz, café y arracacha”), elegí el “¿cómo?”.
En Payandé no hay estaciones. No hay tradición ni cultura del vino. Pero John Edward Franco se montó en el cuento: “Ya veremos. No se trata de abrirle un hueco en el mercado a Argentina, sí de ofrecer opciones. Que un comensal en un restaurante pueda elegir un buen vino del suelo colombiano: ese es mi sueño”.

Como sus papás elaboraban vino, encontrar el rumbo profesional no fue difícil. Estudió enología en España, además trabajó en viñedos en Estados Unidos, Italia y Francia. “Trabajaba en Ventura Soler, pero era un enólogo más con una vida hecha. En Colombia todo estaba para hacer. No tan lucrativo, pero más gratificante”.

¿Sin estaciones ni cultura? “Y con el ICA sin tener idea. Pero para hacer un buen vino hay que tener viña y empecé a trabajar con aliados en Francia, España y EE.UU.”, recuerda John Edward.

Trajo plantas de un año de edad, además para investigación y reproducción. Por sus correrías sabe que Colombia tiene similitudes con Cataluña o Galicia, España, o Las Piedras, Uruguay.

Hoy la viña de Payandé es un centro de investigación con 130 variedades, dice, disponibles para todas las regiones y climas, además de la marca propia Remus. Su variedad estrella es la Marselan, un cruce de Cabernet Sauvignon y Garnacha, también la Petit Verdot.
¿Vino colombiano? “En este negocio se echa mucha carreta contra la uva del trópico. Pero hemos tenido vino de los indígenas de Tierradentro, Cauca, está el proyecto en Campoalegre, Huila, o el potencial de La Guajira para vinos dulces. Es la mirada displicente del europeo. Pero claro que se puede lograr”.

John Edward avanza con 1.500 botellas al año y con una meta de 15 hectáreas y enoturismo. Maneja su viña “no como un cultivo sino como un jardín” y paciente espera vinos de buen perfil. Que en la copa esté la verdad.
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