Entre chefs en casa y cenas clandestinas, la ciudad ha empezado a abrirse a nuevos espacios. ¿Quién dijo que la alta cocina es exclusiva de los restaurantes?
/ Juan Pablo Tettay

“Mi nombre es Jonas Van Laethem, fui chef del Villa Lorraine (restaurante en Bruselas, Bélgica, con estrella Michelin), pero por maravillosas circunstancias de la vida llegué a Medellín para ofrecerle a esta ciudad todos mis conocimientos. Después de haber trabajado por casi cuatro años en el negocio, me sumergí en un recorrido gastronómico desde Ciudad de México hasta Río de Janeiro, un viaje que me permitió conocer la cultura, tradición y diversidad gastronómica que en todos aquellos países se experimenta. Quiero cocinar para usted, presentarle una experiencia diferente en su casa”.

Así se presentó Jonas Van Laethem, un chef belga que lleva algo más de seis meses en Medellín ofreciendo con su empresa, Talúa Catering, un servicio que ya es común en muchas partes del mundo: chef en casa. El mensaje remataba prometiendo una experiencia sorprendente, un reto para las papilas, un momento de unión con amigos lleno de aprendizajes. Invité entonces a Juan Felipe Quintero y a Claudia Arias, compañeros en estas páginas, para que juntos viviéramos esta prometedora experiencia: una cena con una estrella Michelin en el comedor de mi casa.

Aunque no se sabe a ciencia cierta cuándo apareció esta tendencia, podríamos encontrar orígenes en las cortes europeas en las que reyes y nobles tenían un chef privado que cocinaba para ellos y sus invitados. Después de la Revolución Francesa estos cocineros, acostumbrados a las cocinas reales encontraron que la mayoría de sus comensales habían perdido la cabeza y dejaron la privacidad de los palacios para abrir al público y crear los restaurantes tal y como los conocemos. Sin embargo, los chefs en casa siguieron existiendo y, queriendo ofrecer esta experiencia, algunos empezaron a ofrecer cenas privadas a domicilio. Así cocinan sin arriendos y sin invertir en menaje porque la mayoría de veces usan vajilla y utensilios de las casas que visitan. Y como no tienen la presión del restaurante, tienen tiempo para pensar especialmente en cada menú y para que cada plato servido sea una experiencia.

Jonas no es el único en Medellín que ofrece estos servicios. Entre chefs en casa y cenas clandestinas, la ciudad ha empezado a abrirse a nuevos espacios. ¿Quién dijo que la alta cocina es exclusiva de los restaurantes? Fue, efectivamente, sorprendente ver cómo de mi cocina, con equipos que están lejos de ser los que tiene un restaurante, se lograron platos tan exquisitos como un taco europeo de rabo de toro, una variedad de moluscos con vinagreta cítrica y tinta de calamar y un magret de pato con puré cremoso de arracacha. Es una experiencia que vale la pena pues, aunque para el cocinero es gratificante estar cerca del comensal, es espectacular tener al chef del otro lado de la barra, verlo cocinar de cerca y aprender de cada uno de sus platos y de sus técnicas.
Y si el interés no es instruirse sobre el mundo culinario, la experiencia de tener un chef en casa es un plan que vale la pena vivir: conversar con amigos o familia mientras el fuego hace de las suyas es algo que hemos perdido, es una tradición que ha desaparecido con el tiempo. Es una invitación a la unión.

Si quiere contactar a Jonas y tener en su mesa una cena de estrellas Michelín, llámelo al 318 3491559.
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