Hemos visto como de a poco se va dando la vuelta a ciertas prácticas ciudadanas que invitan a la sostenibilidad y el autoconsumo, hay un cambio sin duda, y nuestra amada cocina no es ajena a ello
/ Álvaro Navarro

La cocina colombiana ha sido tradicionalmente campesina, y por muchos años la parte trasera de las casas antioqueñas, sí, en el famoso solar, fue la despensa de los paisas. Se solía sembrar lo que dieran la tierra y el clima; tomate y cebolla, para las arepas con hogao; aguacate para los frisoles; cilantro para el sancocho, o limones para “la” agua de panela, y con esta actividad alimentar a las numerosas familias de la época.

El desarrollo de actividades productivas masivas y el crecimiento industrial, trajo consigo grandes tiendas mayoristas que brindaron la posibilidad a las familias antioqueñas de comprar una gran variedad de insumos para su alimentación a costos razonables, situación que disminuyó considerablemente la tradición de tener la huerta en el solar y fue instalando la costumbre de comprar en el supermercado, además que las familias se fueron reduciendo.

Dicen por ahí que todo en esta vida es cíclico, las modas, las costumbres… Y en mi opinión ¡hasta las huertas! Estamos en la era de lo vintage, mejor dicho está de moda lo viejo, o como dirían, lo retro, y en una decisión muy acertada también se opta por lo saludable.

Dentro de ese rescate-creación de actividades que produce todo este conjunto de aspectos, se encuentra la últimamente muy nombrada agricultura urbana, que propone ejercicios de siembra en grandes ciudades. La migración es otro de los factores de incidencia, y que permite la posibilidad de trasladar los saberes de la agricultura campesina a la ciudad.

En la última ciudad del continente americano antes de la Antártida, un grupo de visionarios coreanos, la familia Moon, propone la siembra artesanal en los hogares de la ciudad argentina de Ushuaia; recuerdo también en mi último viaje a Australia, luego de visitar la fabulosa Galería de Arte de New South Wales, conocí el restaurante Chiswick, del chef Matt Moran, que tiene una gran particularidad, y es que en su menú sirven los productos de estación que se cultivan en su propia huerta, o como ellos dirían en su Kitchen Garden.

En Colombia el Jardín Botánico de Medellín, siguiendo las apuestas de soberanía alimentaria de la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, invita y educa a los habitantes de la Ciudad de la Eterna Primavera para desarrollar actividades agrícolas en sus casas, con un mínimo de productos químicos y adaptando los espacios urbanos para este fin.

Imaginemos un cultivo propio de albahaca, que podamos ir al patio de nuestra casa o al balcón de nuestro departamento a recogerla para servir en la mesa una ensalada caprese… ¡una maravilla!
Nota: Los datos correspondientes al Jardín Botánico de Medellín, están basados en datos publicados en su sitio web.
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Buenos Aires, abril 2016.
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