En agradecimiento a tantos amigos por hacerme muy feliz, hago públicos aquellos sabores que me matan de alegría
/ Álvaro Molina

Cuando abrí la Casa Molina miraba con recelo a los demás restaurantes y cocineros. Me daba durísimo cuando alguien hablaba bien de otros restaurantes, pero, ahí está la Virgen, con los años empecé a descubrir que un cocinero es más feliz cuando se da cuenta de que simplemente es uno más entre muchos y empieza a admirar el trabajo de sus colegas... Es que todos tenemos cosas buenas, regulares, malas y unos pocos extraordinarias, lo que hace que sobresalgan, como en el bosque en donde solo se oyen los pájaros que cantan mejor.

Como en la mayoría de los gremios, nos cuesta mucho la unión que parte de reconocer que todos tenemos los mismos deberes y derechos, que todos tenemos hijos que alimentar y que a todos nos llegan las cuentas de servicios. Los que hemos pasado por las verdes y las maduras entendemos mejor las ventajas del colegaje frente a los inconvenientes de la competencia en una cultura en la que nos cuesta aceptar que hay muchos colegas excelentes. Hablando entre cocineros me duele mucho cuando denigran del trabajo o la honra de alguno de mis amigos, así como no he podido superar los insultos y burlas de las que he sido objeto por minucias como no ser experto en vinos, pero tristemente algunos se pegan de los detalles para amargarse la vida y amargársela a los demás; nos agobian la envidia y el resentimiento. A veces la gente se sorprende cuando me ven usando cachuchas marcadas con el nombre de chefs amigos como Federico Trujillo o delantales de Queareparaenamorarte que me dio Julián Estrada, y me dicen que me veo muy raro promocionando la competencia; por el contrario, lo hago con orgullo y ganas de que se me pase algo de su sabiduría y éxito.

A pesar de lo que se cree, los cocineros comemos muy elemental: adoramos el arroz con huevo, el mecato, las galletas, los fritos, las arepas, la comida rápida y por sobre todo la comida casera, en especial la de la mamá; a la mía la recuerdo en cada cosa rica que me como. Los que trabajamos en esto, poco podemos ir a restaurantes pero en vacaciones nos desquitamos y comemos como bestias; y como tanta gente me pregunta por sitios dónde comer rico y en agradecimiento a tantos amigos por hacerme muy feliz, hago públicos aquellos sabores que me matan de alegría:

Los chorizos del Pescador, en el Peñol. La polenta con gorgonzola impresionante, de mi ídolo Adolfo Podestá. El dip de salmón ahumado con pepinillos y pan de Quique, donde Sergio Ostrovsky. Los riñones, corazones, y picadas de la Fonda de la Monja. La sopa de arroz de La Hacienda. Los corazones de alcachofa de La Provincia. El paté casero y la slow food de Ocio. Las carnes del Correo. Los chicharrones de La Cantaleta, El Trifásico y La Despensa. Las arepas con quesito, la tinta de frisoles y la carne en polvo de Doña Rosa. El ajiacocho de Suegra. El pollo asado de Le Coq. El club sándwich y las costillas de i95. La sopa de tomates de Artisano. La pizza de Sr. Sirirí y su cocina con amor. La picaña de Corte Grueso. Los fritos costeños de Niña Juani. Las pastas de Il Castelo. El tamal de arroz de Santiago Uribe. Los mariscos exquisitos de Sushi Light. La frescura de Verdeo. El pollo en sous vide de La Legumbrería. El bife y las milanesas de La Mano de Dios. El cebiche de chicharrón de Casablanca. Los pandebonos de la Tienda de Pedro. Los panes de La Maga y Amaranto. Las salsas de Kartta. Los moritos y las tortas del Astor. Los sabores mexicanos de 1910 Revolución Mexicana, La Catrina y el Zócalo. Todos los platos de Queareparaenamorarte. Los estofados de The Pot. El chancho y los chinchulines de La Pampa. Las hamburguesas de Burger Factory. La posta y el mote de Herbario. Los kibbes de Fenicia. La sopa campesina y el sancocho de Hatoviejo. Las empanadas del Salón Versalles. El gratinado de Le Gris. Las carnes y jugos del Llanerito. El cañón de cerdo de Asados Exquisitos. Las pizzas de Rumo´s y El Cuartito azul. El arroz chino de In–China. La crepe de pollo con champiñones de Crepes and Wafles. Los buñuelos de Pan de Abril. El arroz blanco de Donde Edward. Las carnes de Ferro. Los helados de Dolche.

Lamentablemente por espacio y por mala memoria me quedan faltando muchos sensacionales. Otros donde no me fue bien pero sé que son muy buenos y muchísimos a donde no he ido pero algún día iré. No soy crítico ni promotor de restaurantes, ni periodista ni gastrónomo, apenas medio sibarita o tan solo un comelón goloso amante de la cocina.

Gocé como un enano y comí rico en Maridaje 2014 cada vez mejor. Espero sus comentarios en Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.