VIAJE AL BOSQUE (PARTE I)

Hace unos meses, quise describirles todo lo que se siente cuando uno se sumerge en el mundo de las sirenas… los organismos y colores que se ven, los sonidos que se escuchan, y la paz que uno experimenta con esa deliciosa sensación de ingravidez característica del mundo submarino (y del espacio).

Esa sensación de tranquilidad es la misma que se siente cuando se está en cualquier lugar en contacto con la naturaleza; no importa si es un desierto, una montaña o un bosque, prueben a sentarse en silencio durante un ratico y verán cómo esa tranquilidad se manifiesta en todo su esplendor. ¡Doy fe!

A mí me ha pasado, por ejemplo, en los bosques, que son otros de mis ecosistemas favoritos sobre la Tierra. Por eso, e inspirándome en uno de los libros más hermosos que me he leído en toda mi vida (“The Forest Unseen”, de David George Haskell), hoy quiero hacer un viaje similar al que hicimos por el mundo de las sirenas, pero, esta vez, teniendo al universo nemoroso como escenario y telón de fondo. (Definición de “nemoroso”, según la RAE: adj. poét. perteneciente o relativo al bosque. La pongo porque yo nunca había visto u oído esa palabra en mi vida, hasta el día de hoy en que me dio por buscar en Google “relativo a bosque”… Definitivamente todos los días se aprenden cosas nuevas. ¡Olé!).

Antes de adentrarnos en el universo encantado de los bosques, quiero contarles un tris acerca de ellos, para ponernos en contexto. Éstos ocupa(ba)n el 31% de la superficie terrestre del planeta y son considerados los pulmones del mundo porque producen casi la mitad del oxígeno de la Tierra y, además, purifican el aire y absorben grandes cantidades de CO2 (uno de los gases que nos está achicharrando). En el mundo, existen muchos tipos de bosques -por ejemplo, los templados, los secos, los húmedos y los tropicales-, siendo estos últimos unos de los más increíbles, ya que cubren menos del 6% de la tierra de la Tierra (valga la redundancia), pero se calcula que contienen alrededor del 50% de la biodiversidad del planeta… Wooooow. Además, de ellos se obtienen los componentes activos de muchísimas de las medicinas que usamos para curar las enfermedades del ser humano moderno, así como madera, fibras naturales, frutas, entre otras cosas.

En Colombia, somos muy “suertudos” de tener grandes extensiones de bosques tropicales. Esto nos hace inmensamente ricos en recursos naturales y nos pone en el podio como el segundo país más biodiverso del planeta. Sin embargo, si la cosa sigue como va, en breve tendremos que hablar de “pequeñas extensiones” boscosas, pues estamos acabando con estos ecosistemas… ¿Sabían que en Antioquia hemos talado el 70% de los bosques? Esta es una de las cosas más graves de las que me he enterado últimamente, pero de eso hablaremos en otra ocasión. Por el momento, los invito a que iniciemos el recorrido sensorial por el mundo nemoroso. ¿Están listos?

Para empezar, respiren profundo e imaginen que están sentados en medio de un bosque… puede ser el que visitaban cuando eran niños, al que acompañaban a sus hijos cuando eran pequeños, o simplemente un bosque que conocen o que está en su imaginación. Respiren, y sientan ese aire puro que llena los pulmones; sientan ese olor a naturaleza y a tierra húmeda, la cual constantemente está recibiendo las hojas que caen de los árboles y que se convierten en alimento para los millones y millones de seres vivos que viven bajo la hojarasca y en el suelo. Es que ahí, debajo de nuestros pies, no solamente viven lombrices; también viven salamandras, caracoles, insectos, arañas, nemátodos y miles de millones de microorganismos, como bacterias, protozoos y hongos. Por ejemplo, están los actinomicetos, que, aunque tienen nombre de hongo, son bacterias, y son las encargadas de producir ese olor a tierra sana que se respira en los bosques. También son fundamentales en la descomposición de las hojas y animalitos muertos y en su conversión a humus, que, en este caso no es la crema de garbanzos, sino una parte del suelo que es rica en nutrientes… “Del polvo vienes y en polvo te convertirás” aplica full en los bosques.

Ahí debajo también está la rizosfera, que es la parte del suelo que está cerca a o depende de las raíces de los árboles y plantas del bosque. Ahí, además, se da uno de los fenómenos más mágicos de la naturaleza: las micorrizas. De estas les seguiré contando en la segunda parte de este viaje por el bosque. Mientras tanto, sigan respirando, sientan sus pies descalzos sobre el suelo húmedo y escuchen el canto de los pájaros y el sonido del viento meciendo las hojas y las ramas de los árboles.

¡Salud llena de bosques!

 

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