“TE DEVUELVO EL PITILLO”

Digo yo cada vez que en un restaurante me ponen uno cuando me llevan la bebida. Afortunadamente, ya casi ninguna de mis personas cercanas me pregunta por qué lo digo, sino que, por el contrario, la gran mayoría ahora sigue el ejemplo y también devuelve el pitillo (pajita, para mis amigos made in Spain).

Afortunadamente, también, ahora son cada vez más los restaurante y bares que reconocen el daño ambiental que implica usar este elemento y, “gracias a mi Dios, tatica”, como me dice mi abuelita, ya no lo tienen dentro de su “oferta” (aplausos para ellos) – o, al menos, solamente se lo dan a los clientes que lo piden expresamente (esto ya es un avance).

Sin embargo, aún hay muchos lugares en los que esta costumbre parece no estar muy arraigada. Por ejemplo, hace poco me sorprendió ver que en uno de mis lugares favoritos de Manila (el barrio, no la capital de Filipinas) traían las bebidas con el pitillo ya puesto en el vaso, ¡sin ni siquiera preguntar a los clientes si queríamos este elemento en nuestras bocas! Como era la primera vez que esto me pasaba en este sitio (como les digo, es uno de los que más me gustan y frecuento del barrio), decidí, entonces, hablar con el dueño. Le sugerí que, en vez de traer el fresco con pitillo, primero preguntaran a la clientela si deseábamos usar este elemento. Oh sorpresa me llevé por segunda vez en esa tarde y en ese restaurante, al ver su poca apertura con el tema.

 (Aquí iría un emoticón de desconcierto)

¿Verdaderamente conoces al pitillo? Ilustración: Mariana Matija de la iniciativa "Mejor sin pitillo" y del blog "Cualquier cosita es cariño".

¿Verdaderamente conoces al pitillo? Ilustración: Mariana Matija de la iniciativa “Mejor sin pitillo” y del blog “Cualquier cosita es cariño”.

Después del estupor inicial, mi cerebro volvió a conectar y me acordé de dos cosas: (una) este no era el único lugar donde esto pasaba y (dos) aún hay muchas personas que actúan como este dueño. Entonces, “ahhhh” (leer como un coro celestial cantando), me iluminé – claramente vi que la razón por la que estas cosas aún pasaban (pasan) era (es) la falta de conocimiento respecto al pitillo. Así que, cha chaaaan, aquí les voy a contar un poco sobre el susodicho para que la falta de información sobre este elemento no elemental deje de ser un motivo para seguir usándolo. Ejem.

Para empezar, los pitillos están hechos de plástico (en mi infancia había unos de papel, amarillitos, pero no sé qué les pasó que no los volví a ver) – específicamente de polipropileno (la mayoría), un tipo de plástico reciclable (hay, principalmente, 7 tipos de este material, y no todos son reciclables), pero muy difícil de degradar.

“¡Yujuuu! Entonces, los pitillos son reciclables”, estarán pensando. Pues, vecinos… Lamento lanzarles esta bomba, pero les cuento que no lo son. Al menos no en Medellín (y creo que tampoco en el resto de Colombia), donde esto no sucede debido a que no es económicamente viable. Gravísimo, porque este hecho tiene consecuencias nefastas para el medio ambiente y, por ende, para nuestras personas. Como ejemplo, aquí van dos perlas:

  • Cada pitillo que cada uno de nosotros usa va a parar al relleno sanitario, en el “mejor” de los casos, o al mar, la mayoría de las veces, donde toda la fauna es afectada por nuestro susodicho protagonista – los invito a ver el video de la tortuguita marina con un pitillo metido en su nariz (abajo les dejo el link).
  • Cada uno de los pitillos que usamos va a estar rondando el planeta por 1000 años más – un pitillo tarda 1 minuto en fabricarse, nosotros lo usamos 20, y se queda sobre la faz de la Tierra por 525’600.000 minutos más. Es decir, los restos de un pitillo que enterremos hoy (como lo hacemos en los rellenos sanitarios) serán encontrados por una persona que viva dentro de 1000 años. Wooow.

Y, para rematar, dos datos curiosos:

  • En un restaurante se usan, en promedio, 45000 pitillos por año.
  • En USA se usan 500 millones de pitillos al día – con esta cantidad se le podría dar la vuelta a la Tierra 2,5 veces. En Colombia no sé cuántos se usan, pero, fijo, más de 50 millones.

REFLEXIONES DE PEPE GRILLO

  • Sé que a muchos de ustedes les da asco tomar directamente de los vasos de los restaurantes, pero, amigos, recuerden que estos establecimientos tienen que seguir unas estrictas normas de sanidad – si no usar pitillo fuera peligroso para la salud, no habría tantos negocios promoviendo el desuso de estos elementos. (Importante: aplicar el sentido común para decidir dónde se debe usar pitillo).
  • Existen pitillos reutilizables de vidrio o acero inoxidable. Personalmente les recomiendo los que venden en el Gato Loco, un hogar de adopción de gaticos. Al comprarlos están ayudando a estos animalitos, al planeta y a un negocio local.
  • Los frappés se pueden revolver y tomar con cuchara.
  • Si quieren aprender más sobre este tema, les recomiendo la campaña “Mejor sin pitillo” (abajo les doy el link).

Ojalá que después de este artículo muchos de ustedes empiecen a decir “te devuelvo el pitillo” cada vez que les lleven sus bebidas. Cada NO al pitillo es un SÍ al planeta.

¡Salud!

 

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