EN LA TIERRA DE PAPÁ NOEL (Y UN POQUITO MÁS AL SUR)

En mi lista de viajes que sueño con hacer, la cual está constantemente in crescendo, valga la aclaración, ir a la Antártida siempre ha ocupado un lugar fundamental, junto con ir a la India, conocer los parques nacionales de EE.UU, bucear con tiburones en Malpelo y, cómo no, ver la aurora boreal. O la austral (a los que nunca habían oído hablar de ella, se las presento) – no me voy a poner exigente.

Las dos son prácticamente lo mismo y, en realidad, la única diferencia es que la boreal ocurre en las regiones polares del norte (o sea, en el Ártico) y la austral en las del sur (o sea, en la Antártida y alrededores). Aunque dicen que las dos auroras son igualmente espectaculares, la primera es más fácil de ver, precisamente porque ocurre en el norte – ahora les voy a explicar por qué, pero les adelanto que no tiene que ver nada con temas geopolíticos. O, de pronto, un poquito sí.

Aurora boreal. Foto: eytanuliel.com

Aurora boreal. Foto: eytanuliel.com

Paréntesis: Definición de regiones polares. Dícese de las áreas que rodean los polos geográficos (distintos de los magnéticos) del planeta, las cuales se encuentran delimitadas por los círculos polares ártico (en el norte) o antártico (en el sur).

Volviendo al tema de las auroras boreales, resulta que éstas son más fáciles de ver debido a la configuración geográfica del Ártico, el cual es un océano congelado rodeado de franjas de tierra (ejemplo: Alaska, norte de Canadá, Groenlandia, Kamchatka y norte de países nórdicos) en las que vive gente y, por lo tanto, sus ciudades o pueblos se pueden visitar para ver las auroras boreales. Por el contrario, la Antártida es un continente que siempre está cubierto de hielo y que está rodeado por el agitadísimo Océano Antártico (tengo amigos que lo han navegado y dan fe de su animosidad). Además, a diferencia del ártico, cuyos territorios pertenecen a varios países, la Antártida no pertenece a nadie y en ella solo puede haber bases militares o de investigación (ver Tratado Antártico). Por eso, no hay ningún pueblo ni ciudad que se pueda visitar para ver las auroras australes… aunque a veces se pueden observar desde la Patagonia, o el sur de Australia y Nueva Zelanda.

Resumiendo todo el cuento, el Ártico es un océano rodeado de tierra, mientras que la Antártida es un continente rodeado de mar. Entonces, vecinos, dedujeron bien: el polo norte se encuentra en medio de un océano (congelado, pero océano) y el polo sur se encuentra en medio de un continente (congelado, pero continente). Lo bacano, es que esta no es la única diferencia entre nuestros polos. Hay muchas más. Por ejemplo:

  • Los pingüinos están en el polo sur (NO en el norte) y viceversa para los osos polares. También para los renos, narvales y morsas.
  • En el Ártico hay árboles. En la Antártida “nanay cucas”.
  • En el polo sur hace más frío que en el polo norte: -97.4 ºC versus -50ºC.
  • El polo sur está a casi 3000 metros sobre el nivel del mar, mientras que el polo norte está a 1-2 metros, dependiendo del espesor del hielo.
  • Y, en el Ártico vive gente de forma permanente y lo habitan pueblos indígenas desde hace miles de año (o sea, los esquimales). En la Antártida solamente viven algunos científicos y militares durante algunos meses del año.

Bueno, pues a pesar de estas diferencias, nuestros polos tienen también algunas similitudes. Y la que más brilla por su gravedad, ubicuidad y “conspicuidad” (no sé si esta palabra existe pero, se entiende que deriva de “conspicuo/a) es el derretimiento del hielo por causa del cambio climático (aclaración: es más fuerte en el norte que en el sur). Por ejemplo, durante el verano, en los últimos años ha habido cada vez menos hielo en el Ártico y en junio pasado se alcanzó un nuevo récord de disminución del hielo (el anterior había sido en 2010): 1.36 millones de kilómetros cuadrados menos que el promedio de los últimos 30 años. ¡Una bestialidad!

Y la Antártida no se queda atrás.

Todo esto es gravísimo porque, además de que los osos polares y los pingüinos se están muriendo de hambre (esta foto de un oso polar famélico me rompió el corazón), nosotros también estamos siendo directamente afectados por el deshielo de los polos: (i) sin hielo, más calor entra a la Tierra y, por ende, hay más calentamiento global; (ii) el nivel del mar sube, aumentando el riesgo de inundación de miles de ciudades y afectando a millones de personas que viven en ellas; (iii) disminuyen muchas de las pesquerías que nos alimentan, impactando nuestra economía, nuestra sociedad y nuestros ecosistemas; (iv) el clima del planeta se enloquece aún más, ya que los polos son fundamentales para su regulación; y, (v) por si fuera poco, ¡cada vez va a haber menos lugares para ver las auroras boreales! (¡Fataaaal!).

Reflexión “pepegrillística”: ¿En qué tipo de mundo queremos vivir? Cada uno de nosotros lo escoge con sus acciones. Si fuimos capaces de frenar el agujero en la capa de ozono, también podemos ser capaces de frenar el calentamiento global. Está en nuestras manos.

¡Abrazos helados! (o ya, ni tanto)

 

verde-que-te-quiero-verde

 

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