“¡Siguiente!”

Ramiro revisa todos los días las redes sociales y las páginas especializadas de empleo buscando una opción para desempeñarse en su campo. Es contador público especialista en tributaria y habla perfecto inglés. ¡Hay una vacante!, leyó un día en una publicación. Se buscaba alguien con su perfil y en su ciudad. ¡Perfecto!

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“Sobre discapacidad y otros asuntos”

En 1992 la asamblea general de la ONU proclamó que cada 3 de diciembre se conmemorara el día de las personas con discapacidad, con la finalidad de cambiar la visión asistencialista que se traía desde décadas anteriores, enfocándose en visibilizar las capacidades reales de quienes viven con esta condición y en trabajar por crear espacios y oportunidades para todas las personas por igual.

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“¿Dónde me hago?”

Mientras escribo esta columna, Medellín se está preparando para un megaevento esperado por miles de fanáticos del rock que acuden de distintos lugares del país e incluso de países vecinos: el concierto de Guns N´Roses.

Para un seguidor promedio, asistir a un acontecimiento como este requiere tener las ganas, el tiempo y el dinero para comprar la boleta. Pero si se trata de una persona con discapacidad, en especial si requiere el uso de silla de ruedas, el asunto se complica.

Para esta presentación en especial, hubo algunas dificultades con fans con discapacidad que compraron boleta en espacio general, pues en su momento los organizadores les argumentaron que con ese tiquete no podían asistir, pues al espacio “exclusivo para personas con discapacidad” solo se podía acceder comprando platino. Finalmente, luego de confrontarlos en varias oportunidades, se les “permitió” acceder al espacio reservado con la boleta general. Esperemos que hayan podido disfrutar de la reconocida banda con comodidad y seguridad.

Pero esta situación no solo se presenta en acontecimientos de este tipo; la dificultad de una persona con discapacidad para asistir a espacios de recreación o deportivos es reiterada y nadie parece haberse dado cuenta de la magnitud del problema para esta porción de la población (más del 15%) y todas las personas que la rodean.

Ir al estadio es un ejemplo. En Medellín, por citar nuestra ciudad, se reserva un espacio en la gramilla para que se acomoden las personas que no pueden subir escalas, pues es el único lugar al que se puede acceder sin desniveles. Esto significa que deben llegar al lugar con sus compañeros, amigos o familia, pero al ingresar deben separarse, pues su “exclusivo” lugar solo es para ellos y, quizá suplicando un poco, un acompañante. Esto no es adecuado, pues no hay muchas personas a las que les guste ir solas al estadio, ya sea con o sin discapacidad.

Pero el estadio Atanasio Girardot es una de las pocas construcciones destinadas al deporte que por lo menos cuenta con algún sitio donde pueda ubicarse una persona con discapacidad. En espacios donde se practican distintos deportes en la ciudad no hay ni siquiera manera de llegar a la tribuna, a la pista, a la piscina o a la cancha.

Mis hijos hacen deporte y me gusta acompañarlos en sus actividades. En muchas ocasiones me ha tocado verlos desde la calle, en otras ubicarme en espacios no adecuados donde es casi imposible verlos o incluso llegar al sitio del evento y no poder ingresar por falta de accesibilidad (como me sucedió en la sede de Comfama en La Estrella). En alguna ocasión entré a la cancha, pues en cualquier otro lugar obstaculizaba el paso de los asistentes. Se lo hice saber al árbitro, igual me hizo salir indicándome que entonces buscara el lugar “donde estorbara menos”.

Pero los obstáculos no son solo en las instalaciones deportivas. Ir a teatro o a cine es igualmente una odisea.

Si hablamos de cine, son contadas las salas en las que la ubicación de los espacios para sillas de ruedas se encuentra lejos de la pantalla. En algunas incluso, sencillamente no hay lugares reservados. En varias ocasiones me ha tocado ver la película tan de cerca que alcanzo a ver solo los letreros del doblaje y el mentón de los protagonistas.

Contrariamente, en algunas salas de teatro el problema es que los únicos espacios accesibles se encuentran en la parte superior, por lo que si la persona quiere darse el lujo de ver la obra de cerca, este privilegio le es negado.

Diseñar y construir de manera que todos podamos disfrutar lo que la sociedad ofrece no es difícil. Es cuestión de pensar de manera universal, para que lo que hagamos incluya a todas las personas. De esta forma ganamos todos, pues las personas con discapacidad somos un gran mercado, actualmente desatendido.

 

Cuerpo glorioso

Cuando era pequeño y las ganas de jugar eran más fuertes que las necesidades fisiológicas, podía aguantar casi un día entero sin ir al baño, con tal de no perderme un minuto del juego del momento. Mi mamá salía cada tanto a recordarme que había que sacar el ratico para realizar las actividades propias del ser humano, que si no me iba a enfermar. ¿O que si creía que era cuerpo glorioso?

A uno le toma años darse cuenta de que ir al baño, además de quitarle la sensación desesperante de la necesidad urgente, le ayuda a cuidar la salud, pues el organismo no está preparado para pasar mucho tiempo sin salir de lo que ya no le es útil.

Es por esta razón que no se concibe ninguna construcción, pública o privada, en la que no se incluyan instalaciones sanitarias para hombres y para mujeres, incluso ahora se propone que sean mixtas.

Pero, por alguna razón que todavía me cuesta comprender, los diseñadores, constructores y dueños de los establecimientos decidieron que las personas con discapacidad, sí son realmente cuerpos gloriosos.

Es casi imposible encontrar baños adecuados con características de accesibilidad que permitan que las personas con discapacidad, en especial quienes usan ayudas ortopédicas como muletas, caminadores o sillas de ruedas, puedan utilizar estos vitales espacios con comodidad. De hecho, es imposible en la mayoría de los casos, que sencillamente puedan utilizarlos.

Aún siendo una obligación en la construcción, no se cumple este requisito. Ha cambiado un poco la situación en los últimos años, pues en megaespacios como centros comerciales o almacenes de cadena, ya se incluyen baños con características que permiten su uso. Pero aún no es una práctica común y son muy pocos los lugares donde una persona con discapacidad puede relajar sus esfínteres con tranquilidad.

Pensemos en restaurantes, bares o discotecas. Las ganas de ir al baño son directamente proporcionales al consumo de líquido, por lo tanto es inevitable la necesidad del uso de las instalaciones sanitarias al asistir a uno de estos lugares. Pero con muy pocas excepciones (contadas con los dedos de las manos), es inexistente un espacio adecuado en sitios de esparcimiento de este tipo.

Y así podríamos hablar de parques, estaderos, zonas comunes y hasta oficinas. Imaginen los lugares donde irían al baño y piensen si en esos sitios existen espacios accesibles.

En algunos casos, por falta de información y conocimiento, encontramos que se dieron a la tarea de crear retretes con supuesta accesibilidad, donde es evidente que estaban cumpliendo con una exigencia legal, pero en los que por el espacio y la ubicación de accesorios es imposible la utilización del mismo.

En algunas oportunidades los hacen bien hechos, pero los usan como cuarto de aseo o vestier de empleados o los mantienen bajo llave, la cual nunca está disponible cuando se requiere. En otras, no les ponen jabón o dispositivo para secarse las manos. Parece que lo del cuerpo glorioso abarca también la higiene.

En el aeropuerto de Barranquilla la semana pasada intenté ir al baño antes de subirme al avión (vehículo en el cual, cabe anotar, es imposible hacerlo) y cuál fue mi sorpresa al encontrar que tenía el símbolo de accesibilidad y unas barras, pero entrar y cerrar la puerta con la silla de ruedas no era compatible. Cuando le comuniqué a la funcionaria del terminal aéreo la dificultad me dijo: “No se preocupe señor, está programada una reforma del aeropuerto y ahí lo solucionamos”. Excelente, pensé. Solo tengo que aguantarme las ganas un par de años.

Hacer un baño accesible no es difícil, no es costoso, no requiere espacios exagerados y es una necesidad y una obligación. No somos cuerpos gloriosos y sí que somos un gran mercado que, si no encuentra comodidad y seguridad, no asiste a los sitios. Además, es Ley.

Y tú, ¿quieres ir al baño?

 

¿Cómo la ves?

La semana pasada una muy buena amiga que se ha interesado mucho en el tema de la accesibilidad publicó en Facebook una foto de un estacionamiento reservado que se encuentra en un mall de la ciudad de Medellín, el cual, además de ser un espacio con medidas promedio (no cumple con las requeridas para el uso de personas con discapacidad), tiene una cadena para “impedir” que personas sin discapacidad lo usen.

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“Nos vamos de paseo”

El 23 y el 24 de agosto se llevó a cabo en Bogotá un interesante foro sobre turismo accesible al que tuve el honor de ser invitado para participar con una ponencia. El evento estaba organizado por Cotelco y el Ministerio de Comercio y Turismo. La asistencia fue masiva. LEER MÁS >>