SEMANA ENERO 14 A ENERO 20

EFEMÉRIDES

 El 18 de enero de 1841 nació en Ambert, Francia, el compositor Emmanuel Chabrier.

Estudió Derecho y durante muchos años fue empleado del Ministerio del Interior de Francia. No es ni el primero ni el último de los abogados y burócratas que tienen su lado artístico y luego de muchos años de tediosa labor en una oficina se dedican a la música. En este caso nuestro protagonista esperó hasta tener 40 años. Fue prácticamente autodidacta.

Entre las curiosidades de su biografía, se dice que fue el primer compositor en utilizar la recién inventada celesta, instrumento de percusión parecido a un pequeño piano y que suena como campanitas, en su obra La Tempestad sobre la homónima de Shakespeare.

Fue amigo de Anatole France y de Verlaine.

Coleccionaba cuadros de los impresionistas, de los que fue contemporáneo y amigo.

Una enfermedad mental producto de la sífilis y de su quiebra económica, lo redujo al silencio desde 1890.

Murió en París en 1894.

Su obra principal es para el teatro ligero y cómico donde sobresalen las óperas

Le roi malgré lui (1887) y

Gwendoline (1886).

Entre sus composiciones sinfónicas están

Marche Joyeusse (1888) y

España (1883) compuesta después de visitar el país y quizás su obra más difundida.
Aquí va con la Filarmónica de Berlín dirigida por Plácido Domingo

PALABRAS

Situación de la música clásica en Medellín.

Existe la opinión generalizada y equivocada, que la música “clásica” se inscribe dentro de una serie de connotaciones negativas, producto más de la falta de exposición a ella que de cualquiera otra cosa.

Para empezar, primero, que es elitista. Falso. Hoy cualquiera, que así lo desee, puede tener acceso a las grandes obras de la música clásica de todas las épocas: hay en la ciudad emisoras universitarias dedicadas en buena parte a difundirla; demás la herramientas de Youtube y Spotify, al ser de acceso gratis, permiten una democratización de sus contenidos de forma sin precedentes. Lo único que se necesita para oír música clásica es querer oír música clásica. Desde hoy, hay que empezar a generar, desde la más temprana infancia, una afición por ese tipo de música, labor que debe ser asumida tanto por los padres de familia como por las instituciones educativas, públicas y privadas, al introducir en sus programas académicos, horas dedicadas a tal labor. Además mientras más gente la aprecie, más distante estará de ser privilegio de unos pocos.

Segundo, que es aburrida. Falso. Hay piezas tan alegres, tan amables, tan expresivas, como las hay dentro de cualquier otro género musical; pero hay que saberlas encontrar, donde vuelven a entrar las instituciones educativas para ir introduciendo al público infantil en obras que esté de acuerdo con su capacidad mental y su poder de concentración. Por supuesto que hay obras densas y pesadas que si se tratan de inculcar de primer golpe, producirían un efecto contraproducente y alejaría a un futuro melómano. El tiempo irá educando el oído y la atención para poder abordar obras más complejas, si se quiere, pues una vez picado por el gusanito de la curiosidad, el ámbito de lo que puede descubrirse es infinito.

En este aspecto es encomiable la labor que ha hecho la Orquesta Filarmónica de Medellín, al programar conciertos de Tango sinfónico, de villancicos sinfónicos y de rock sinfónico, que convocan un público al cual esas obras ya les son conocidas. Así el oyente no familiarizado con una orquesta le va perdiendo el miedo a enfrentarse a un concierto o a una sinfonía.

Además hay que resaltar la tarea de la Asociación Medellín Cultural (y su Teatro Metropolitano), más la vinculación del sector privado en la programación de presentaciones de nivel internacional.

Tercero, que es música para viejitos. Falso. Es muy grato observar como las presentaciones de las agrupaciones y solistas “clásicos” de la ciudad y de fuera, se ven colmados de público joven. La explicación es bien simple: existen en el Valle de Aburrá varias facultades de música, conservatorios, organizaciones corales, red de escuelas de música, grupos de danza y ballet, etc; cuyos integrantes raras veces superan los años de juventud. Ellos han descubierto a través de sus estudios el gusto por este tipo de composiciones y lo trasmiten a sus amigos, sus enamorados, sus familiares, que asumen el riesgo y los acompañan a los conciertos.

Que hay mucho trecho recorrido, cierto; que falta aún mucho por hacer, más cierto todavía, pero hay un buen comienzo, hay un germen que es necesario fomentar y propiciar. El sector público debe apoyar todo tipo de manifestaciones culturales, está claro, pero también debe defender las instituciones que ya están creadas y concentrar sus esfuerzos en ellas.

Estas a su vez, deben dejar a un lado sus protagonismos y hacer alianzas, en pos del ideal superior que es la música, para convertir a Medellín en la capital musical de Sur América.

Hace falta una orquesta juvenil, compuesta por los estudiantes de las diversas facultades y conservatorios, para que en ellas los alumnos puedan foguearse con músicos profesionales, con el repertorio y con el público, en una especie de semestres de práctica.

Los departamentos de comunicaciones de todas las instituciones arriba mencionadas, deben, tienen que, hacer su tarea incrementado la divulgación de todas las presentaciones que se hacen en la ciudad, por los medios masivos tradicionales, prensa, radio, afiches, pasacalles y más aun mediante el uso de las redes sociales que son las preferidas de los jóvenes, del público del futuro.

Hay mucho por hacer y la tarea es esperanzadora, pues la historia reconocerá la labor de todos los que, están, estamos, empeñado en hacer conocer, y en aumentar el número de ciudadanos que encuentren en este tipo de música no sólo diversión sino formación y trascendencia.

*Articulo previamente publicado en el periódico El Mundo de Medellín el 15-XI-30

 

 

 

 

 

 

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