Enero 28 a febrero 10

EFEMÉRIDES

El 25 de enero de 1913 nació en Varsovia, Polonia, el compositor Witold Lutoslawsky.

En esa época Varsovia quedaba en un provincia del Imperio Ruso y luchaba por su independencia. La revolución Bolchevique consideró drásticamente todo movimiento de liberación, tanto que el padre y un tío de Witold fueron fusilados sin mediar un juicio.

Ese fue el primero de una serie de acontecimientos políticos que iban a a marcar la vida y la obra del compositor.

Durante la Segunda Guerra Mundial prestó servicio militar, fue capturado por los alemanes pero logró escaparse.

En esa época se ganó la vida haciendo arreglos de música para dos pianos para ser tocados con su compatriota y amigo Andrezj Panufnik.

Pocos días antes del levantamiento de Varsovia, logró escapar con tan sólo algunos de los manuscritos de obras que ya había creado. Buena parte de su obra se perdió en los incendios de la brutal represión Nazi.

Le tocó sufrir los rigores de la censura estalinista, que lo catalogó como “formalista” y prohibió algunas de sus obras. Uno de sus hermanos murió en un gulag del régimen soviético.

Luego de la muerte de Stalin, comenzó a ganar reconocimiento y fama internacional.

Murió en Varsovia en 1994.

Entre sus obras principales están:

Variaciones sinfónicas (1938)

Variaciones sobre un tema de Paganini, para piano y orquesta (1943-1978) con la Orquesta sinfónica de la BBC y el pianista Stephen Hough

Concierto para orquesta (1950-54) con la Orquesta Sinfónica de Radio Frankfurt

Marcha fúnebre in memoriam Bela Bartok (1958)

Juegos Venecianos (1961)

Concierto para violonchelo (1969-1970) prohibido por la censura soviética interpretado por Paul Watkins y la Orquesta sinfónica de la BBC

Chain (1985)

Y cuatro sinfonías.

 

PALABRAS

Ayer jueves 26 de enero se presentó en el Teatro Metropolitano el pianista inglés James Rhodes. Y yo no fui al concierto, así que no puedo emitir ni una sola nota sobre sus calidades de intérprete, pero sí puedo opinar sobre su libro Instrumental, cuyo subtítulo es “Memorias de música, medicina y locura”, que ya de entrada me parece impúdico.

No veo porque equis persona del mundo, sea pianista, abogado, ingeniero o cualquier otra cosa, tenga que salir a ventilar en público las vejaciones a las que fue sometido, ni los sórdidos mundos por los que ha pasado, consecuencia de su abuso o no, para mostrarse después como una autoridad en materia de música esgrimiendo el argumento que la música le salvó la vida. Historias de maltrato infantil abundan por donde uno mire, e historias de superación de tragedias son quizás todavía más abundantes, más en un país como el nuestro que ha sufrido un conflicto de una crueldad inenarrable y las ignominiosas condiciones de nacer pobre en tierra de quienes se creen privilegiados y por ende excluyen a todos los demás.

El libro carece a mi modo de ver de valores literarios sobresalientes como para traer a su autor como conferencista al Hay Festival y sus méritos como contribución al mejor entendimiento de la música, dejan mucho que desear, pues poco o nada nuevo hay en sus escritos que no se encuentre en las más elementales obras de análisis de las obras que menciona o de biografías de los compositores de ellas.

Traigo a colación una anécdota que cuenta Fernando González, el filósofo de Envigado, en su libro “Pensamientos de una viejo”: Había un mendigo que tenía una llaga aterradora en una pierna y la utilizaba para pedir limosna. Todo el que pasaba se enternecía y le daba una moneda. Un loco, supuesto loco, pasó y le dijo “Mi limosna será un consejo: OCULTA LA LLAGA”

 

 

 

 

notas-y-palabras

 

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