Trabaje con gente que sea feliz

Es necesario que las organizaciones de hoy sean conscientes de una realidad que hasta ahora estaba relegada al plano personal de la vida: no es lo mismo que en su organización trabajen personas que estén felices, a que allí trabajen personas que sean felices.

Es una regla de oro: tener a personas felices trabajando en su empresa marca una diferencia que no solo se refleja en los números. Es evidente también en las encuestas de climas organizacionales y en el ambiente laboral en general.

Sin embargo, es necesario que las organizaciones de hoy sean conscientes de una realidad que hasta ahora estaba relegada al plano personal de la vida: no es lo mismo que en su organización trabajen personas que estén felices, a que allí trabajen personas que sean felices.

Estar feliz habla, simplemente, de la sensación que causa una situación pasajera, que se puede crear dentro de las organizaciones con ejercicios motivacionales y diversos estímulos. Pero pensar en contextos donde sus equipos puedan ser felices requiere trascender a una conciencia y a un acompañamiento para que las personas de su empresa tomen la decisión de vivir en un estado de felicidad.

Maestros milenarios y modernos lo han dicho de forma frecuente: vinimos al mundo para aprender a ser felices. ¿Y eso que quiere decir? Que podamos mirar las condiciones externas que nos sacan de la zona de confort como las experiencias que necesito para comprender que la felicidad está única y exclusivamente en mis manos, y que nadie ni nada nos la puede quitar.

Así las cosas, ¿qué vamos a interpretar como felicidad en las organizaciones? El maestro Martin Seligman nos habla de ella como el “bienestar subjetivo percibido” asociado a los niveles de satisfacción que tenemos en la vida. De allí, entonces, que las personas felices vivan un 15 por ciento más que las que no lo son; que presenten un 30 por ciento más de salud física y psicológica (con lo cual se bajan los índices de ausentismo laboral y de incapacidad médica por enfermedades), y que tengan mejores relaciones, incluidos allí los vínculos de amistad establecidos en la organización (lo que repercute en mayor estabilidad emocional).

Eso explica también que las personas felices ganen, en promedio, un 40 por ciento más de dinero que las que no lo son; que sean más efectivos en sus trabajos, que generen emprendimientos adicionales y que tengan mayor facilidad para mantener su foco laboral y su atención en lo que están haciendo. Que construyan ambientes laborales más saludables, que tengan hijos más felices, y que sean más tolerantes al dolor y a la frustración.

Paradójicamente para algunos, las personas felices tienen condiciones similares a la mayoría. En mi experiencia entrenando equipos he podido constatar que el más feliz no es el más rico ni el que tiene el cargo más alto dentro de la organización. ¿Por qué? Porque la felicidad no se encuentra afuera, es una decisión, no llega de repente, hay que construirla y hay que entrenarla con diversas prácticas. Así las cosas, la empresa debe constituirse como una escuela de felicidad.

¿Cómo hacerlo?

  1. Es indispensable que la empresa y sus líderes se cuestionen a sí mismos. Que se hagan las preguntas: ¿estoy construyendo relaciones confiables, con mis líderes, mis colaboradores, mis colaterales en las diferentes áreas de la organización? ¿Qué relevancia le estoy dando al desarrollo personal y profesional en mi organización, y qué tan claro lo tienen las personas en mi empresa? ¿Cómo líder, directivo y gerente genero vinculación emocional en el trabajo con las personas de mi empresa? ¿Incentivo el logro o el reconocimiento a las personas, señalando la evolución en sus capacidades dentro de la organización?
  2. Puede ser que muchos digan: “¡Ups!, en muchas preguntas me hace falta trabajar. ¿Por dónde empiezo? ¿Qué debo hacer?” Es clave tener en cuenta que el valor de la felicidad en las empresas debe partir de gestos genuinos y no del interés particular en una mayor rentabilidad, aunque esta sea la consecuencia. La variable de la felicidad es tan sensible que, en el peor de los casos, las personas pueden sentirse manipuladas si las estrategias no están asociadas a una decisión voluntaria y consciente.
  3. Instituya un modelo de felicidad para su empresa. Es necesario crear una estrategia de felicidad que debe partir desde la gerencia, con la asesoría de entrenadores expertos en el tema. También debe haber un doliente en la organización, que usualmente está en el área de Gestión Humana.
  4. Genere un estilo de dirección firme pero cercano. Es importante tener programas permanentes de desarrollo a los líderes, ya que la cara de la gestión y la cultura organizacional está en sus manos.
  5. Propicie espacios formales y claramente establecidos para la gestión participativa. Cuanta mayor participación haya en las distintas instancias, mayor compromiso y vinculación de las personas en sus actividades y mayor amor a la empresa.
 

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