Tengo derecho a estar bien

Cuando pienso en todos los casos de violencia ocurridos estas últimas semanas en mi país, me siento privilegiada. Qué suerte tengo de no ser yo la niña raptada y abusada sexualmente, la mujer asfixiada con vinipel por cuatro hombres, la mujer empalada y estrangulada hasta ser asesinada. Qué suerte vivir en la ciudad donde no hay balones bomba ni algún grupo terrorista que me ponga a dudar en dónde debo dar mis pasos. Pero, a la final, qué peor peligro puede haber que el de salir a la calle vestida de mujer.

Acá vivo, en el país del Sagrado Corazón, donde él es el único que me da el privilegio de estar bien. En el que todos ponen en sus manos la tranquilidad y la vida misma que nosotros no somos capaces de procurarnos. Vaya yo a olvidar darme la bendición antes de salir de mi casa porque, ahí sí y con toda la razón, me pasa algo. Qué insultante creer que lo que no hace el ‘todopoderoso’ invisible, no lo hacen los humanos de carne y hueso. Y a la final termino pensando, como usted, que no creo que el que ‘todo lo puede’ permita la miseria humana.

Entonces, entiendo que no soy bendecida. Pienso que tal vez mi paso acelerado en las noches, cuando camino sola, ha espantado a más de algún malhechor. Mis cambios de acera han distraído al ladrón. Andar de pantalón y no de falda ha desanimado al violador. Suertuda, privilegiada de hoy estar bien. De ser una mujer sana, sin ningún golpe, sin haber sido abusada sexualmente, sin ser acosada. Y entonces recuerdo que en este y muchos países más se nos volvió costumbre a las mujeres eso de soportar los mensajes más cochinos cuando andamos por la calle. Ver lenguas y labios mordidos, manos indecentes y ojos brotados que violentan, que nadie combate porque no están haciendo nada malo y solo es cuestión de ignorar. Qué suerte, se supone que debo sentir, que solo sean piropos y, hoy, no sea alguna Yuliana, Rosa Elvira, Bertha o alguna niña embera.

Yo también estoy cansada de que me digan que estar bien es un privilegio cuando, en realidad, es un derecho. No tengo la suerte de que no me toquen ni me forcen, tengo el derecho a que nadie me agreda. No tengo la suerte de no ser violada o empalada, tengo el derecho a decidir con quién coqueteo, con quién me acuesto, a quién me le niego. No tengo suerte de no ser atacada en medio de la noche cuando camino sola, tengo derecho a estar bien. No solo por ser mujer, sino por tener el placer de vivir como usted, hombre o mujer, que perteneces a este país, a esta ciudad, a este mundo.

Entonces hoy me levanto (metafóricamente, desde estas redes sociales que hoy “lo pueden todo” pero a la final poco consiguen) para intentar hacerles entender que no tienen el privilegio, ni la suerte, ni son bendecida por estar bien. Tenemos el derecho a estar sanas, enteras, tranquilas, salvas. Hoy me levanto por ellas, porque las quiero vivas, como yo.

Por: Lola Pecosa

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