Para ustedes

No me callen. No. No me pidan que sonría para las fotos ni me digan que me aguante lo que quiero decir. No me pidan silencio. De malas. Miren para otra parte si no les gusta. Pero a mí no me callen. Tampoco ustedes, Lolas del mundo. No se callen. No pretendan que les gusta lo que les digo.  No se queden con las ganas de mandar el mundo a la mierda, ni se queden sin las ganas de haber hecho algo distinto. EQUIVÓQUENSE. Griten, lloren, péguenle a un muro: no se dejen apagar. Sean mujeres como quieran serlo. No traguen entero; en serio. Dejen de escoger las medias que su mamá quiere, el trabajo que a su papá le gustaría, los calzones de encaje para el novio. No digan “bien” si no están completamente bien. No piensen en qué dirá la gente. Ríanse de mí y de ustedes.

Considere la posibilidad de volverse loca. No adore más a las amigas que odia, ni se ponga los zapaticos esos de moda que no le gustan. No se quede en una relación donde no sea ridículamente feliz. No pose para las fotos. Es más, no monte fotos. Y menos en esas redes donde todos miden el éxito ajeno. No les pida a las amigas que le den like.

Cuente hasta uno. Piense que no hay más, sea consciente de que esta es la única vida que tiene. Vívala. Por Dios, ¡vívala! Como a usted más le guste.

Corra detrás de un bus, diga una palabra grosera, salga a la calle sin peinarse. Desde donde esté, llame; pero no diga dónde está. Póngase el blue jean viejito que su mamá detesta, si es el que le gusta. Deje de chupar barriga. No se engañe, en serio. Nadie le cree. Si quería quedarse viendo televisión, no vaya a la fiesta. No le diga “doña” a su suegra. Deje de pretender que hay una forma políticamente correcta de decir las cosas: diga lo que piensa. La transparencia es el color más visible.

No me engañes, yo puedo verte; tu puedes verme. Ya sé que tienes miedo y que estás asustada. ¿No sabes qué hacer?, tranquila, así estamos todos. Para. No, no me calles. Déjame hablar. Si te choca tanto que te lo diga es porque debo tener algo de razón. No me mires así, por favor. Yo sé lo que es. No… no, no, no. ¡NO! Dígame lo que quiera entonces. Dispáreme, redúzcame, insúlteme. Humílleme.  Cúlpeme. No me importa. Cálleme entonces si es lo que quiere. Pero después de hacerlo, deténgase un momentico. Cállese usted: completo silencio. Míreme. Solo tres minutos. Hágalo. No es tan complicado: míreme. Acá. En el espejo.


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Por: Lola Mojada

**¡Atención Lolitas lectoras!
Este es un espacio para compartir experiencias e historias subjetivas y personajes que no obedecen a ideas generalizadas sobre lo femenino, son simplemente formas particulares de ver el mundo. Lolas Magazine no se hace responsable por las opiniones de sus escritoras e invita a la feminidad en pleno a abrirse a la diversidad de posturas. Si no te sientes identificada con este texto, respira profundo, cuéntanos tu opinión o let it go

 

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