¿La subo a Instagram?

Nadie pone en facebook los momentos oscuros de su vida, ni subimos fotos de la noche en que cometimos el error más grande de la vida. No ponemos estados hablando de cuando quedamos de últimos, ni tweets sobre los peores dolores.

Pero tampoco, casi nunca, podemos postear las cosas que nos cambian la vida para bien. Los instantes más mágicos no nos acordamos de que existen las redes sociales. Los vivimos. Y contamos la historia, así no haya una foto que lo demuestre.

Los snaps (como en algún momento los álbumes de fotos) registran la vida que queremos recordar. Las cimas, las sonrisas, los viajes. No está mal. Es justo eso lo que queremos que nos quede, lo que pensaremos en los días grises, lo que nos llevamos de la vida.

Pero Lolas, dejemos de creer que esa es la vida. Que las amigas del colegio tienen relaciones perfectas, que tal primo vive de viaje y que todos rumbean cada ocho días, menos tú. Eso no es necesariamente verdadero, y si lo es, no garantiza la felicidad.

¿En qué momento se volvió más importante contarlo que hacerlo? Nada vale el video bailando con todas tus amigas si no querías ir; nada llenan 2.000 likes si el bizcocho que sale contigo no te alborota el estómago; no tiene mucho sentido tener miles de seguidores si al final del día no tienes con quien conversar y tomarte algo rico.

¡Tenemos que parar de vivir para documentar! Y no porque sea malo compartir nuestros momentos, sino porque nos vamos volviendo esclavas de contarle al mundo todo lo que nos pasa. Porque se empieza a convertir en una adicción. Porque terminamos creyendo que “si no monto nada a Facebook, es como si no hubiera salido”. Porque después nos quejamos de que tal y tal están pendientes de todo lo que hago, y -conchudas- decimos: “¿por qué la gente se anda metiendo en mi vida?”

Seamos auténticas. No es necesario posar. Se supone que las redes son para relacionarnos con la gente que hace parte de nuestra vida, la gente que nos quiere. Y qué delicia compartir con ellos nuestros triunfos, nuestra forma de ver el mundo, los momentos felices. Entendamos que todos lo hacen y que simplemente omitimos -todos tenemos- los días tristes, las épocas donde están gordos, los ratos de aburrimiento.

Compartamos, conozcamos, interactuemos. Hagamos de nuestros perfiles un viaje por los momentos que quisiéramos volver a vivir. Pero antes, vivámolos.

No nos volvamos dependientes de la tecnología. Está bien si quieres compartir este artículo, pero después, despegate de la pantalla y conversa un rato con la persona que tienes al lado, cómete algo rico o juega con tu mascota. De pronto hoy construyes un recuerdo lindo… ¡y qué importa si no aparece en tu timeline!

Por: Lola Mojada


**¡Atención Lolitas lectoras!
Este es un espacio para compartir experiencias e historias subjetivas y personajes que no obedecen a ideas generalizadas sobre lo femenino, son simplemente formas particulares de ver el mundo. Lolas Magazine no se hace responsable por las opiniones de sus escritoras e invita a la feminidad en pleno a abrirse a la diversidad de posturas. Si no te sientes identificada con este texto, respira profundo, cuéntanos tu opinión o let it go

 

Lolas

 

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