Decir sí con riesgo a perder

Del plebiscito aprendimos que entre un SÍ y un NO hay un ex de por medio. Aunque la mecateada esté casi pactada y se haya negociado exitosamente la finalización del verano, el bizcocho estratégicamente seleccionado se puede marchar de la mesa y nos puede dejar con las ganas puestas y un vergonzoso ‘NO’ en la cara, después de firmar implícitamente el acuerdo con un: ‘nos vemos en mi casa’.

Tal vez no fue tu culpa… respondiste tarde sus mensajes, te dormiste temprano para forzarte a no aceptar muchas de sus citas, te hiciste desear tal y como te lo suplicó tu mamá, estudiaste cómo ganar puntos: le dijiste que lo entiendías, que te encantaba que fuera sensible, que te gustaba su misma música, su mismo equipo de fútbol y hasta compartías su amor profundo por la Coca Cola -a pesar de que prefieres el agua con gas-. ¡Te esforzaste y eso, él y nosotras, lo sabemos!

En las primeras citas te maquillaste tan sutil que pareciste perfectamente natural. Los botines de tacón disimulado te hicieron ver esbelta y delgada mientras tu jean de tiro alto y a la moda te mantenía casual y descomplicada… ¡lo lograste! Él creyó que se había topado por sorpresa contigo cuando te pasaste media hora esperando a que saliera de su oficina. Tu escote hizo que él te recordara varias noches seguidas porque, aquí entre nos, él también anda de verano.

Pero, en la vida y en la mesa de negociación, todo puede pasar. Y más cuando hablamos de bizcochos con ganas, que con cualquier calorcito se derriten. O bueno, cuando hablamos de cualquier bizcocho. ¡Pasó y no te diste cuenta! Mientras te hacías la difícil él sumaba ganas por ti, pero al mismo tiempo la ex le hablaba, constantemente y mientras esperaba tus respuestas. Tomaste riesgos pero nunca se sabe cuáles serán las consecuencias. La ex se les metió en la mesa y acabó por engañarle la cabeza hasta forzar la conclusión de los diálogos. En las relaciones, como en la política, todo es por democracia; aunque al final te empecines en odiar -justamente- al bizcocho pendejo que deja el sí por un no verraco -un no engañado, un no idiota- bien puede hacerlo sin entrar en plebiscito.

Por: Lola Pecosa

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