Minimalismo y por qué algunas personas botan el televisor

No, este post no es sobre decoración. Es sobre lo que descubrí viviendo en un apartamento donde no había ni una almohada.

Un exnovio me dijo en algún momento que quería comprar el Playstation 4. Yo me pregunté dos cosas: A) ¿Por qué carajos tengo un novio de 38 años que juega Playstation? y B) ¿Qué problema hay con el Playstation 3 que ya tiene? Consumo, puro consumo y querer llenar vacíos emocionales con cosas, entiéndase llenar el no tener amigos con un jueguito… pero qué pereza decirle a la gente cómo vivir… y qué pereza que nos digan cómo vivir, ¿cierto?

Joshua Fields y Ryan Nicodemus no nos dicen cómo vivir, se lo prometo. Estos tipos simplemente documentaron un proceso de desprendimiento material. Son dos amigos que a los 30 y pico años se encontraron insatisfechos en medio de una vida que normalmente denominaríamos exitosa: trabajos con excelentes salarios, casas gigantes en algún suburbio de Ohio, carros lujosos, mujeres hermosas, viajes, club, rumba, joyas, bla, bla bla, etc. etc. etc.

Un día, luego de la muerte de su madre y de un divorcio nada divertido, Joshua descubrió el minimalismo. Es un estilo de vida que decidió ir adoptando poco a poco y que lo llevó a realizar algunos experimentos para encontrar la verdadera felicidad a través de la eliminación de cosas en su vida. Yo sé, eso es tan subjetivo… la expresión “verdadera felicidad” resulta chistosa… pero el punto es que Joshua estaba seguro de que en la vida de lujos que tenía no encontraba mayor felicidad y estaba buscando algo más. No nos digamos mentiras, el que dijo que la plata no da felicidad era millonario y esa frase es fácil de decir cuando no se tienen hambre ni carencias, pero sí pasa que la gente con mucha plata no necesariamente tiene una vida satisfactoria.

En fin, volviendo a Joshua, el tipo encontró que en el movimiento minimalista las personas se despojan de los excesos materiales de sus vidas para salirse de las trampas de la sociedad que nos dicen que las cosas que tenemos es lo que nos hace valiosos. Básicamente se trata de tener poco para poder apreciar y valorar las cosas realmente esenciales de la vida. Habrá quien diga que desde el balcón de la hacienda en La Toscana se puede apreciar perfectamente lo importante de la vida, claro, estamos de acuerdo, pero es interesante oírle el cuento al par de gringos por un segundo. No tenemos que ser radicales.

Los 3 experimentos de Joshua

Reducir el inventario: el minimalismo no tiene un final. Cada día o cada semana o cada mes, uno va reduciendo la cantidad de cosas que tiene, va evaluando perpetuamente qué cosas son necesarias. ¿Por qué se hace continua y progresivamente en lugar de hacer el proceso de una sola vez y botar la mitad de las cosas que se tienen en una sola tarde? Porque el proceso de ir sacando cosas del tumulto diario es realmente el proceso de preguntarse “¿qué es lo que importa? ¿Esto en qué me beneficia, enriquece o aporta?”. En nueve meses Joshua eliminó el 90% de sus pertenencias.

Botar el televisor: lo puede regalar, esconder o vender… lo que importa y lo que pregunta este movimiento es ¿qué es lo que va a hacer con todo el tiempo que le sobra? Joshua dice que su creatividad, su uso del tiempo y sus relaciones personales mejoraron drásticamente con esta eliminación.

Vivir con lo suficiente: este experimento se trata de ser mucho más conscientes del consumo, de los presupuestos y del gasto del dinero. De entrada nos dice una cosa dolorosísima: “No tenemos que estar entretenidos siempre”. ¡Dios santo! Y ¿qué hacemos el fin de semana entonces? Joshua sugiere hacerse las siguientes preguntas: ¿Puedo divertirme sin gastarme un peso? ¿Gasto dinero haciendo más cosas que otras personas disfrutan? ¿Estoy perdido sin televisión y sin Internet? ¿Cómo me siento cuando no tengo nada para hacer?

Un día Ryan le preguntó a Joshua: ¿Por qué estás tan feliz? Y Joshua respondió: Es el minimalismo. Así empezó el proceso de 21 días de desprendimiento de Ryan y que juntos documentaron en un libro que se llama Todo lo que queda.

Yo descubrí a este par de minimalistas hace varios años cuando le confesé a un amigo gringo que yo no tenía sofá en mi apartamento porque durante mi separación había decidido no llevarme nada de la casa donde vivía con mi exmarido y no sabía si iba a quedarme en Estados Unidos o no, así que no compraría nada por el momento. Luego le confesé que tampoco tenía cama, ni mesas ni sillas ni nada… solo los electrodomésticos que venían con el alquiler del apartamento, mi ropa, un colchón y una perrita. Mi amigo, supongo que por hacerme sentir mejor, me dijo que le encantaba la situación y me habló del movimiento minimalista.

Y aquí estamos, cinco o seis años después del divorcio, regresando a esa conversación para retomar el minimalismo un poco, esta vez con el ánimo de buscar un cambio de vida. Se pueden incluir cosas como Facebook, amistades, salidas, uso del celular, y muchas cosas más, excepto la ropa y la comida dulce, esas sí, no.

 

María Camila Vásquez

 

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