Meet Mindful

La meditación y todo lo que sea o parezca “mindful” suele ser considerado algo exclusivo de hippies o para yogis. Nada más lejos de la verdad. Aquí el testimonio de alguien, como usted o como yo, para inspirarlo a conocer esta forma de vida un poco mejor.

Marcela Navarro* es una pediatra radicada en Texas a quien invité a escribir su experiencia con la meditación y el camino “mindful”, para reforzar una teoría que tenemos muchos desde hace rato: meditar le puede cambiar la vida a cualquiera… Y a pesar de ser una práctica de años, la podemos empezar a hacer ya… después de leer a Marce…

Punto, cadeneta, hacer y deshacer. Cómo fui hilando mi vida hacia el “mindfulness”

“La historia inicia hace unos tantos años, cuando era adolescente. Un profesor hizo un gran esfuerzo por introducirme a la práctica de la meditación. Él, en su afán de cultivar nuestra curiosidad, nos hablaba de que con esta técnica de relajación y poner la mente en blanco, uno podía tener experiencias en que el cuerpo y espíritu se desdoblaban, y que los expertos en esto hasta podían levitar.

Fue con esta esperanza que yo, con un déficit de atención nunca diagnosticado y la mente revuelta por las hormonas propias de esa edad, pasé horas acostada y sentada, tratando de poner en blanco mi mente para ver si levitaba. Nunca logré ni siquiera llegar a esa parte de poner la mente en blanco. Así que con el tiempo y mis estudios médicos eso de la meditación pasó a ser algo como las fábulas y los cuentos de hadas para mí.

El tiempo pasó y la meditación volvió a tocar mi puerta cuando empecé a hacer yoga durante el embarazo para liberarme de un dolor de espalda. Pero yo, estudiando pediatría y con 8 meses de embarazo, o me dormía del cansancio o me levantaba y me iba de la clase… no tenía tiempo para quedarme otros 15 o 20 minutos tratando de poner mi mente en blanco. Eso era solo para estas afortunadas mamás que “no hacían nada más en sus vidas”. Y nuevamente la puntada se me iba.

Pero hacer yoga me quitó el dolor de espalda, me dio tranquilidad y me cautivó. Nunca me han interesado los deportes, ninguno me gustó. Así que encontrar uno que me gustara era un milagro, e inicié una práctica muy poco constante. Pero fue buscando los beneficios de hacer yoga que me topé con este tema del “mindfulness”.

El concepto en papel me pareció divino. Estar presente, disfrutar cada momento, ser consciente de lo que me rodeaba y de cómo interactuaba con el ambiente. Yo estaba en el parque con mis hijos, viendo cómo su infancia se me pasaba a mil al frente mío, mientras yo estaba pendiente de contestar la llamada, el mensaje de texto y el WhatsApp de los pacientes y al mismo tiempo pensaba en qué iba a hacer de comida, mientras supuestamente los cuidaba en el parque. En ese momento solté el celular me fui a columpiar a mi hija y disfrute de su risa y de la brisa. Luego abracé a mi hijo sintiendo su calor y su respiración, sus pestañas sobre mi piel que me hicieron cosquillas, eso besos que llamo de mariposa, que me lograron estremecer. Fue en ese momento que decidí leer y estudiar más sobre ese “mindfulness”.

Primero, hice mi búsqueda y me encontré con que no era algo nuevo, que además universidades prestigiosas en el mundo tienen todo un curriculum sobre el tema. ¿La razón? Esta práctica sirve más que la Aspirina, quita la depresión, el estrés, la ansiedad, sirve para curar las adicciones y hasta para bajar de peso. Pero la magia de esto murió rápido en mí, cuando vi que un gran pilar del cuento era meditar.

Suficiente es que me digan a mí, una mamá de dos hijos, que trabajo tiempo completo, y tengo cierto grado de déficit de atención, que tengo que estar más presente, dejar de multitask, concentrarme en el momento… y meditar… eso no iba conmigo, yo no tengo tiempo ni cabeza para sentarme de pies cruzados a estar tratando de poner la mente blanco.

Por cosas de la vida decidí cambiar mi vida, e irme a vivir a otro país y el “mindfulness” no se volvió a mencionar. Pero en la vida todo se va hilando lo uno con lo otro para llevarte por su camino. Fue en mi día a día en este nuevo país, donde buscando soluciones distintas para mis paciente con múltiples enfermedades mentales, para mis familiares y hasta para mí, donde me encontraba una y otra vez con el tema. Leía cómo meditar cambiaba la mente, cómo ayudaba a disminuir la cantidad de estimulantes necesarios para tratar la hiperactividad, cómo muchos lograban dejar los antidepresivos.

Fue en uno de esas lecturas donde me encontré con la frase que me cambió la manera de ver la meditación… no se trata de poner la mente en blanco ni de levitar ni de desdoblarse… ni siquiera de que el universo te dé las respuestas de la vida… se trata de ejercitar tu mente a estar presente.

Yo llevo treinta y tantos años de mi vida en que he estado muy ausente, me la he pasado en otro mundo, pensando en lo que ocurrió o lo que ocurrirá. De pronto la vida me estaba ofreciendo la oportunidad de aprender a estar presente. Fue así como mi propósito de año nuevo ya no fue sólo hacer ejercicio físico sino también ejercitar mi mente. Inicié con pequeñas meditaciones guiadas gratuitas de 3 minutos que me bajé de internet, luego avance a 5 minutos, luego a 15… así como cuando vas al gimnasio y te dicen que inicies despacio, así inicie yo.

Ya poco a poco dejé la meditación guiada y estoy más tranquila con el silencio. Y siento un gran logro porque puedo pasar 30 minutos en silencio sin enloquecer. Que los 30 minutos estoy presente concentrada en mi respiración, es falso. También aprendí que está bien que mi mente divague y que sin desespero me puedo volver a enfocar. Aún me falta mucho por aprender. Pero desde que medito tengo una vida más tranquila, ya nos les grito a mis hijos, disfruto de mi trabajo, y ni hablar de la relación de pareja (tal vez si les hablo de eso después se logran animar a meditar).

Aún me falta mucho, y que me perdonen los expertos en el tema, yo a estas alturas aún no he levitado, tampoco he tenido experiencias sobrenaturales, ni siquiera he logra encontrar las respuestas del universo, pero quién quita que algún día las logre tener. Lo que sí puedo decir es que meditar me está cambiando la vida y la de los que me rodean, y en los momento en que mi mente divaga en la meditación, pienso en qué sería de la salud mental, del planeta, de la humanidad, donde todos aprendiéramos a vivir en el ahora, en presente, que es lo único real que hay”.
º º º

*Marcela Navarro es médica de la universidad CES de Medellín, especialista en Pediatría de la Universidad de Illinois en Chicago y actualmente es pediatra en UTMB University of Texas Medical Branch, en Galveston, Texas. Ser madre, esposa, profesional, hermana, hija y amiga son sólo algunos de los roles que ejerce a diario. Gracias Marce.

 

 

María Camila Vásquez

 

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