Alain de Botton y la filosofía terapéutica

Estoy enamorada de Alain de Botton. Si quiere ponga en TedTalks el nombre de ese filósofo suizo para que se enamore también.

Ya no me acuerdo cómo llegué donde él o cómo supe de su existencia pero creo que su conferencia en TED fue de los primeros acercamientos que tuvimos y la sigo recomendando a todo el que me hable de sus dudas sobre el éxito laboral… o de las complejidades del amor… o de las inconsistencias religiosas… o… mejor dicho, de lo que le esté doliendo o quitando el sueño en el momento. Alain de Botton es un doctor emocional y su medicina es la filosofía y la literatura.   

El título de la primera conferencia que vi es “A kinder, gentler philosophy of success”, lo que traduce como “Una filosofía más amable y gentil sobre el éxito”. En ella, Alain considera y evalúa los conceptos de éxito y fracaso y los prejuicios que tenemos frente a los demás según su profesión y sus logros, sin importar que a veces el éxito no es merecido y el fracaso tampoco. La elocuencia de Alain y sus argumentos son enamoradores pero, sobre todo, es enamorador lo reconfortante que son sus palabras para la búsqueda de la verdadera pasión profesional.

Y cómo no se queda ahí, le cuento un poquito más de este señorsazo. Entre muchas otras, tiene unas novelas interesantes que me llaman la atención: una de ficción titulada “Ensayos sobre el amor” en la que discute el proceso de enamorarse y desenamorarse, y varias otras de no ficción como “Consolaciones de filosofía” en la que intenta demostrar como la filosofía de Epicuro, Nietzsche, Séneca y otros pueden aplicarse a los malestares contemporáneos. También tiene “La arquitectura de la felicidad” en el que explica qué tanto nos afecta la arquitectura en el día a día y qué tanto de nuestra naturaleza humana se refleja en la arquitectura. El mejor para mí (no lo he leído pero lo digo por simple interés y porque tiene otra conferencia hermosísima sobre el tema) es “Religión para ateos”, en el que habla de los beneficios de las religiones para quienes no creen ellas. En la conferencia explica, por ejemplo, que podríamos tomar de cada religión los detalles y conceptos que nos enriquecen sin comprometernos del todo con una de ellas. Un bufet, por decirlo así, de donde escoger lo que queremos que nutra nuestra existencia.

Pero lo que más me ha sorprendido hasta ahora de Alain de Botton es el Colegio de la Vida (The School of Life). Si uno se hizo adulto pensando que la vida era muy dura, o por lo menos compleja y que debería traer manual, pues los creadores de The School of Life (entre ellos Alain) creyeron que podrían intentar montar un manual. Difícil, lo sé… y seguro lo saben ellos. Pero el intento es bueno y obviamente válido. Se trata de una escuela dedicada al desarrollo de la inteligencia emocional a través de la ayuda de la cultura para enfrentar una crisis de carrera, el arte de las relaciones familiares y románticas, cómo entender nuestro pasado, el mundo y, de ser necesario y requerido por alguno, tratar de cambiarlo. Lo de escuela no es solo nombre, realmente ofrecen clases, terapias, publican libros, recopilaciones de reflexiones de sus integrantes, hacen filmes y venden objetos y herramientas para la búsqueda de una vida más satisfactoria.

Si usted es como yo, pensará que obviamente The School of Life es un negocio y que esta gente se lucra de las inseguridades de las personas que andan un poco desubicadas. Pero qué sentimiento tan horrible será sentir al final del camino que lo que escogimos de carrera o de profesión, que la forma cómo nos comportamos y relacionamos, cómo elegimos vivir (todo eso que no entró en el pensum universitario) no era la forma correcta o peor aún no era cómo queríamos hacerlo. Y esa escuela o las clases de yoga o la meditación o el sicólogo o la terapia o cualquier otra escuela de vida que tengamos a nuestro alcance son lo mismo, siempre habrá alguien que se lucre de nuestros consumos… y pues de todo el consumo diario que hacemos yo diría que este es el menos superfluo. Nadie dirá al final del camino que le hubiera gustado comprarse otra marca de zapatos durante su vida, ¿no? Esa historia nos la han contado varias veces ya.

 

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