UN TANGO PARA RACING CLUB

Hace mucho rato, bandoneón, que estoy metida en una fila en el estadio Perón para comprar entradas y ver al equipo de futbol Racing Club de Avellaneda enfrentado al Independiente de Avellaneda. Lo que se traduce en asistir a un verdadero clásico. Si no te parece muy atrevido, te voy a decir la verdad, solo veré este partido para hacerle un homenaje al bandoneonista Vicente Greco. Era un fiel hincha del Racing -la Academia le decían- y le compuso un tango que lleva el nombre del equipo y ¡qué sabor milonguero tiene esta pieza! Y “… porque sos vos Racing Club la gloria del tiempo de oro”.

Voy a intentar dar una idea de lo que fue Greco y desde el café El estribo, donde lució su rezongo de bandoneón, estarás seguro de decirme: ¿qué tango hay que cantar?

Empiezo entonces con el mencionado tango Racing Club con música de Greco y letra de Carlos Pesce:

“Racing Club, vos que diste
academia en la América del sur
gran campeón de los viejos tiempos de oro
del fútbol de mi Nación,
yo quisiera ver triunfar a tus colores,
que son los de mi bandera
porque aún seguís siendo para todos
el glorioso Racing Club (…).”

Prueba superada después de ver la camiseta albiceleste que tanto admiraba Greco. Paso a dejar muy en claro que fue este músico quien le dio el nombre a la Orquesta Típica Criolla, para diferenciarla de aquellas que tocaban jazz, tropical y demás.

Anota Luis Adolfo Sierra que la primera Orquesta Típica Criolla tuvo la siguiente conformación:
Bandoneones: Vicente Greco y Juan Lorenzo Labissier.
Violines: Francisco Canaro y “Palito” Abatte.
Guitarra y piano: Domingo Greco.
Flauta: El “tano” Vicente Pecci.

Te cuento, fuelle, que después en este nombre desapareció la palabra criolla y quedó para siempre como Orquesta Típica.

Ahora que estamos descansando del partido de fútbol en el café El estribo, he recordado que este sitio presenció las largas filas para escuchar a Vicente Greco acompañado por su Orquesta Típica Criolla, ejecutando los famosos tangos como La viruta, Rodríguez Peña y Ojos negros. Por lo concurrido del sitio, Jorge A. Bossio llegó a decir: “El tango se hacía fuerte –desde el sur- en el café El estribo.”

En las Memorias de Francisco Canaro, se lee que fue vecino de los Greco -una familia de músicos- que habitaban en un conventillo. A Vicente lo califica como un muchacho con ansias de cultura, medio romántico y afecto a la literatura.

Lo inició en los secretos del bandoneón Sebastián Ramos Mejía (El pardo), un cochero de tranvías de caballos de las compañías Buenos Aires y Belgrano, quien al escuchar a Greco aconsejó a sus padres para que le compraran un bandoneón y ellos entusiasmados convocaron entonces la ayuda de familiares y amigos para reunir el dinero y dar el instrumento a este niño bien dotado para la música con apenas quince años. Después su actividad artística fue creciendo y así leemos en el semanario Fray Mocho este comentario sobre su obra: “Le corresponde el primer puesto entre los que realizaron grabaciones y el que inauguró el Armenonville. Se vendieron de sus tangos  El morochito 22.000 ejemplares, de Rodríguez Peña 12.000 y de El flete, 6.000 en un semestre”.

Y como estamos mezclando fútbol y tango, conviene explicar la presencia de estos hechos culturales en la Argentina. El tango fue el punto aglutinante de los inmigrantes porque además era una forma de comunicación, ya que quienes llegaron venían con sus costumbres, su desarraigo, sus creencias y, claro, con su propio idioma o dialecto como pasó con los italianos, por ejemplo. Siendo producto de un híbrido de grandes dimensiones, el fútbol brindó una forma de identidad nacional que ya consolidada sirvió como producto para ser vendido al exterior. Del fútbol, diré que la marca Argentina lleva una excelente factura y, por lo menos a mediados del siglo pasado y por qué no hasta los años 70, exacerbaba el nacionalismo; estaba la camiseta, sus colores y la patria. Los futbolistas argentinos son requeridos por los diferentes equipos del mundo y el fútbol creó como el tango un ídolo, Maradona. Al interior del país están los clubes que tienen en los barrios su propio estadio. Ambas manifestaciones culturales, el fútbol y el tango, son un símbolo de identidad nacional y los dos han despertado pasiones y han tenido un uso social y simbólico.

Concluyamos, fuelle, con una breve reseña biográfica: nació Vicente Greco en 1888 en la barriada candombera de la Concepción, y cuando tenía 36 años murió a consecuencia de una caída ocurrida en el palco en el cual tocaba. Y desde entonces… “Gira en el hueco la amarilla rueda/ de caballos y leones, y oigo el eco / de esos tangos de Arolas y de Greco/ que yo he visto bailar en la vereda, (…)”. (1)

Y sin embargo, bandoneón, sigo sin saber: ¿qué tango hay que cantar?

  1. El tango. Poema de Jorge Luis Borges.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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